Con el agua al cuello
Los rojiblancos estuvieron a punto de protagonizar una gran remontada tras ir perdiendo por 4-1, pero los tres goles de Aduriz no fueron suficientes para contrarrestar el desastroso partido de la defensa vasca.


Valiente apuesta de Mané en la Romareda, un campo a priori poco propicio para intentar dar un pasito más hacia la salvación, pero a estas alturas de temporada, y en estas circunstancias, ninguno lo es. Lo más destacado en el once bilbaíno era la vuelta de Yeste, que forzaría mucho la máquina, la misma que le falla una y otra vez este año, para intentar ayudar a su equipo. De la aportación del mediapunta vasco dependería en gran medida la suerte del Athletic. Pero no estaría sólo el 10 rojiblanco. A su alrededor estarían Javi Martínez, Iraola, Gabilondo y Aduriz. La propuesta era jugar, algo que parece obvio pero que hoy en día no es tan frecuente.
Desde el comienzo el Athletic llevó el peso del partido. Zaragoza es una buena plaza para ello, es un equipo que deja jugar. Además, la eficaz presión visitante, que comenzaba muy arriba y en la que participaban todos, tenía ahogado al Zaragoza, que andaba en esos momentos con el motor gripado. Ni Aimar ni DAlessandro ofrecían salida alguna al juego de su equipo, y sólo un activo Milito arriba comenzaba a evidenciar los problemas de los leones en defensa. De momento el plan Esnal resultaba.
Y continuó funcionando hasta que se cumplió el primer cuarto de hora de partido. Exactamente en el minuto 15 la zaga del Athletic comenzó a perder el encuentro. Diego Milito recibe un balón fuera del área y, ante la permisividad visitante, entra en el área, recordó que mañana tiene que hacer la compra, se acomoda el balón y lo cuela por el tremendo hueco que Aranzubia había dejado en su palo. No era tarde, pero la cabeza ya no estaba tan centrada como antes. Comenzaba el desplome. Dos minutos después, Sergio García combina de primeras con Diogo, que llegaba completamente solo por la derecha junto con DAlessandro, y el uruguayo conecta uno de sus zapatazos que, a ras de un césped muy mojado, entra en la portería de Aranzubia tras arremeter contra el poste. Imparable. El Athletic ya empezaba a verlo muy negro. En dos minutos se había ido todo al traste.
El Zaragoza, sin hacer nada del otro mundo se encontraba con una cómoda ventaja en el marcador. Era hora de desesperar al rival, de desarrollar el juego que prácticamente les ha asegurado la UEFA y que les ha convertido esta temporada en uno de los equipos que mejor fútbol realizan. Y en eso estaba el conjunto de Víctor Fernández cuando una jugada aislada del equipo vasco permite a Aduriz acortar distancias tras robarle la cartera a Sergio que se durmió en exceso.
El estado del Athletic seguía siendo grave, pero en esos minutos el encuentro pudo dar un giro radical. Minutos después del tanto, Pino Zamorano se traga un claro penalti sobre Aduriz que hubiera podido significar un empate vital. Segundos después, el cruel fútbol terminó de cebarse con el débil, con el más necesitado, al que se le niega aquello que desesperadamente persigue. Un gran pase de Aimar es culminado por Sergio García de forma magistral, por la escuadra.
El Zaragoza había dado una lección de efectividad, cinco remates a puerta, tres goles. Difícil hacerlo mejor. Para colmo de males, justo antes del descanso Murillo remata al fondo de su propia portería una falta botada por DAlessandro. Difícil hacerlo peor. La imagen de Aduriz, arrodillado en el centro del campo, personificaba la impotencia del Athletic, un equipo anímicamente muy tocado, derrumbado ante la primera adversidad, resignado ante un presente que no hace justicia a su histórico pasado.
Rozando el milagro
La segunda parte, en teoría, debía convertirse en un trámite, una sucesión de minutos que terminaría con desilusión de unos y la tranquilidad que da el trabajo bien hecho de los otros. Ni los más optimistas creían ya en una remontada heroica. Nada más lejos de la realidad. El Athletic había dado entrada a Etxeberría y Javi González, lo mismo daba perder por tres que por cinco, y el equipo comenzó a ofrecer esa garra que tanto se echó de menos en la primera parte. El Zaragoza llegaba, pero ese era el riesgo que había que correr. Sergio García estuvo a punto de hacer el quinto tras un buen movimiento dentro del área, pero su disparo lo detuvo Aranzubia.
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Pasaban los minutos y el Athletic, aunque tímidamente se iba acercando al área rival, pero, como en la primera parte, sin crear oportunidades. Después de media hora de juego, el encuentro volvió a cambiar de nuevo en sólo un par de minutos. Una internada de Etxeberría que termina en penalti al ser derribado por César. Penalti claro a pesar de que el delantero puso mucho de su parte. El colegiado acertó al no expulsar al cancerbero, ya que el balón no había quedado en clara disposición para que el rojiblanco marcase, quizás su único acierto en una jugada conflictiva. El penalti es transformado por Aduriz. Tres minutos después, el ex vallisoletano completa su hat-trick al rematar un corner lanzado por Iraola desde la derecha.
Quedaban quince minutos de infarto. Un cuarto de hora para tratar de lograr el imposible. Pero el objetivo era eso, inalcanzable. El final del partido nos dejó a un Zaragoza encerrado en su campo para defender un resultado al que no entendían muy bien como se había llegado, pero el Athletic había gastado ya todos sus cartuchos, no quedaba nada en la recamara. Una victoria la Real o el Celta mañana pondría a los de Mané al borde del descenso depués de 76 años en primera, toda una vida.



