De infarto
El Valencia, aunque mereció más, no supo perforar la segura zaga rojiblanca y no sólo desperdicia la oportunidad de acercarse al Barcelona, sino que abandona los puestos de Champions en favor del Zaragoza. Espectacular el apoyo de San Mamés a los suyos.


Duelo dispar por la situación que atraviesan ambos equipos. San Mamés es en los últimos tiempos feudo propicio para el Valencia, y el estado de moral del conjunto che hacía que no fuera la mejor ocasión para que el Athletic saliera de su letargo. Mané, el entrenador de los leones, había afirmado que recibir al Valencia era un aliciente, ya que tendrían la oportunidad de demostrar que pueden hacerle frente a un equipo grande, aunque siendo objetivos, su afirmación parece algo pretensiosa. Lo de demostrar capacidades debería postergarse para tiempos mejores. El ambiente de San Mamés era la mejor arma de los locales. Si finalmente se logra mantener la categoría habría que plantearse un homenaje al número 12.
José Manuel Esnal decidió dejar en el banquillo a Yeste, un crack cuando se lo propone y un lastre cuando se descentra, y a Urzaiz para dar entrada a Etxeberría tras sus dos tantos la semana pasada en el Sardinero. Por su parte, Quique se vio obligado a hacer rotaciones para contrarrestar el cansancio de la Champions, aunque cuando los resultados acompañan el cansancio se nota menos. En el terreno sentimental se producía la vuelta a la que fue su casa de Del Horno, por primera vez como visitante.
Pero no estaba la cosa para sentimentalismos. Ambos se jugaban mucho y el Valencia intentó hacerse rápido con la posesión del balón. Lo consiguió durante unos minutos, pero siempre con una intensa presión local. Los rojiblancos no querían un encuentro tranquilo, con ritmo bajo y corazones latiendo a pocas pulsaciones. En cuanto tenían el balón en sus pies se lanzaban hacia la portería de Butelle, que tuvo el primer susto del encuentro a los ocho minutos después de un tiro lejano de Gabilondo. El paso de los minutos fue calmando los ánimos y el dominio del Valencia, constante aunque infructuoso, fue asentándose.
Los locales enseñaban las garras ocasionalmente. Como si de venadas se tratara, alternaba minutos de angustia con otros de agobio total a la portería valencianista. En uno de estas aproximaciones llegó el primer tanto para el Athletic. Una internada de Etxeberría por la derecha es rematada con el tacón por Gabilondo al fondo de la portería. Vaya forma de quitarse el miedo del cuerpo. El gol del donostiarra es para recordar.
El tanto, lejos de calmar los ánimos locales, animó aún más a los de Mané, que mordían en el centro del campo. El Valencia empezaba a desear la llegada del descanso. La intensidad del rival ahogaba el juego de los de Quique. No había ni un metro de espacio, imposible jugar el esférico con fluidez. A pesar de ello, el público bilbaíno, que ya ha visto mucho mundo, palidecía con cada llegada visitante, más aún cuando el balón llegaba a las botas de Silva, el jugador de moda aunque él no lo reconozca. El Athletic salvó los últimos minutos sin agobios excesivos y alcanzó el túnel de vestuarios bajo una ovación que ponía de manifiesto lo delicado de la situación.
El Valencia se vuelca pero no encuentra el gol
Tras el paso por vestuarios, Quique Sánchez Flores echó el resto y puso en liza a Villa. La derrota en esta jornada suponía un traspiés fortísimo para su equipo, y lo mismo daba perder por uno que por cuatro. Había que ir a por la victoria. Y la presencia del Guaje comenzó a notarse de inmediato. En cinco minutos tuvo tres ocasiones y realizó los dos primeros lanzamientos entre los tres palos del Valencia en todo el encuentro.
El público comenzaba a ejercer una enorme presión sobre el colegiado y todo parecía dispuesto para una segunda parte de infarto. La salida del Valencia había sido terrorífica, y para colmo Joaquín ingresaba también en el terreno de juego. El Athletic ya ni siquiera salía de su campo. Un centro de Joaquín desde la derecha fue cabeceado por Albiol y se marchó ligeramente alto. Mané optaba por reforzar la zaga. El Athletic es el segundo equipo más goleado y había que mantener el resultado, aunque supusiera un gran riesgo para sus intereses.
Tras un primer cuarto de hora de infarto el Valencia bajó el ritmo ligeramente. El conjunto local aprovechó la tregua para calmarse y asentarse en el campo. Los vascos no perdían la compostura y mantenían la concentración en todas las parcelas del terreno de juego, y Aduriz se mantenía alerta por si podía aprovechar alguna contra. Pero de pronto la calma aparente en la que se desarrollaba el partido se rompió. Un fallo defensivo del Athletic posibilita que Villa se plante en la frontal con el balón controlado. El asturiano, al ver a un adelantado Aranzubia, se inventa una vaselina que acaba estrellándose en el larguero para alivio del respetable.
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El encuentro comenzaba a parecer un cruel método de tortura cuidadosamente planificado para ser aplicado a la afición bilbaína. En serio, un monumento se merecen.
Los últimos minutos de partido resultaron más cómodos de lo esperado para los rojiblancos, exceotuando una acción en la que Silva reclamó penalti de Aranzubia (en la tele parece claro). En medio de un San Mamés enfervorizado, el Athletic alcanzó sin más sobresaltos una victoria que necesitaba más que respirar. El valencia por su parte se aleja de la lucha por el campeonato tras la victoria del Zaragoza, que ocupa su lugar en los puestos que dan acceso a la Liga de Campeones.



