Nuevo tropiezo en el Calderón
El Atlético ha sufrido su enésimo varapalo en casa, ya que tras una buena primera parte en la que se adelantó con un golazo de Torres, un error de Perea le privó de dos puntos de oro.


Es la historia que tantas veces hemos visto este año en el Calderón. El argumento suele variar en los detalles, pero el desenlace final es casi siempre el mismo. El Atlético desperdició una ventaja conseguida gracias a su buen juego en la primera parte ante un rival apático, y se complica la clasificación para los puestos que dan acceso a la Liga de Campeones. Vamos, el mismo drama de casi toda la temporada.
La noticia a priori estaba fuera del terreno de juego, concretamente en el banquillo del Atlético de Madrid, a donde regresaba Agüero después de 18 encuentros como titular. Superado el debate de principio de temporada sobre la presencia del argentino desde inicio en las alineaciones de Aguirre, el mejicano se veía obligado en esta ocasión a dejar al Kun fuera por problemas físicos. Y los números rojiblancos sin él en el campo no eran nada halagüeños.
El Atlético salió dispuesto a demostrar que tiene plantilla de sobra para suplir cualquier ausencia. No en vano, un equipo que aspira a entrar en la Champions no se puede excusar en las bajas. Prácticamente todo el peso en ataque recayó desde el comienzo en Torres, con un Mista que apenas aparecía, pero con el apoyo de un Jurado que ganaba cada vez que se acercaba al centro. El juego era lento hasta que llegaba a las botas del ex madridista, siempre imprevisible y con el radar preparado para localizar la mejor opción de pase. Fue precisamente una conexión entre Jurado y Torres la que terminó en el primer tanto del encuentro. Un genial pase del centrocampista fue rematada de forma magistral por el 9, que picó el esférico por encima de Moyá. Todo esto ante la atenta mirada de la defensa bermellona, muy despistada hasta el gol.
Pero si la zaga visitante no estaba teniendo su tarde, el resto del equipo no hacía mejorar las expectativas. Las aproximaciones al área de Leo Franco eran tan esporádicas que en la primera parte se podrían contar con los dedos de una mano. Ibagaza, que regresaba al Calderón con ganas de revancha, estaba demasiado preocupado en demostrar que es un jugador válido y se olvidó de que sus compañeros le podían ayudar en esa misión, y Arango, que llagaba en racha pero algo descentrado por sus problemas con la afición no tenía demasiada presencia en el juego de su equipo. Después del gol el Atlético comenzó a tocar como hacía tiempo que no lo hacía. Con criterio, buscando el pase más sencillo, y siendo un equipo solidario, con continuos apoyos.
Hacía el final de la primera parte Mista se entonó y trajo de cabeza a Ballesteros y compañía cada vez que entraba en contacto con el cuero en las inmediaciones del área. Pero finalmente no llegaron más ocasiones claras antes del descanso. Todo lo contrario. El Mallorca disfrutó de unos minutos de tranquilidad y los intentó aprovechar para acercarse al área rival, pero la defensa atlética, con Eller a la cabeza (se ha acoplado bien y rápido el brasileño) no tuvo serios problemas hasta el final.
Arango no perdona
De momento nadie se acordaba del Kun, que calentaba ya desde el primer minuto de la reanudación. La cosa pintaba bien para la sufrida afición atlética. La segunda parte había comenzado sin sobresaltos. Posesión alterna y ambos equipos tratando de llevar el peso del encuentro, pero la cosa se torció. Qué se le va a hacer, el Atlético no sabe vivir sin suspense, sin sufrimiento. Es un grande que se disfraza de modesto. Un error de Perea, que se dejó robar la cartera por Arango dentro del área terminó en el remate a placer del venezolano.
Aunque por motivos bien distintos, ni Atlético ni Mallorca estaba contentos con un empate que servía de poco. Tanto Manzano como Aguirre introdujeron más madera. Agüero y posteriormente Marqués entraron para refrescar el ataque local. Maxi López y Tuni lo hicieron en el Mallorca, aunque el conjunto visitante perdió a su mejor arma cuando un encontronazo entre Jurado y Arango dejó al sudamericano tocado.
Los cambios no significaron una mejoría en el juego, que se desarrollaba de forma imprecisa después del gol. El tiempo corría y las ocasiones no llegaban, y el Mallorca daba más sensación de peligro a la contra. El equipo balear había salido mucho más enchufado que en la primera mitad, y sin realizar un buen juego al menos impedía que el Atlético circulara el balón con la facilidad de la primera parte.
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El encuentro se llenó de interrupciones y los jugadores rojiblancos parecían demasiado centrados en lo que pitara el árbitro y en las posteriores protestas. La desesperación se hacía patente especialmente en un Torres bien distinto al que vimos en la primera parte. El Mallorca quería dormir el encuentro y el Atlético llegar al área de Moyá en dos toques. La paciencia se había perdido hacía mucho.
Los últimos suspiros del encuentro dieron para poco más, de hecho lo más relevante tuvo lugar después del pitido final, cuando Pérez Lasa expulsó a Luccin después de que el francés se dirigiera a él en términos poco amistosos. Un problema más para el Atlético, que no sólo se aleja de la Champions, sino que puede acabar teniendo problemas para mantenerse en puestos de UEFA.



