Copa de la UEFA | Shakhtar Donest 2 - Sevilla 3

El más difícil todavía

Se complicó la vida el conjunto de Juande Ramos ya que, tras perdonar a su rival en la primera parte, tuvo que esperar al gol de Chevantón en la prórroga. El brasileño Matuzalem marcó un tanto antológico.

<b>EL HÉROE.</b> Aunque Chevantón fue el autor del tanto definitivo, Andrés Palop fue el auténtico héroe del encuentro.
Cristo Martín
Jefe de Sección en as.com
Licenciado en Periodismo por la Universidad Europea de Madrid, entró en 2006 en as.com como becario y ya nunca se fue. Desde entonces ha desarrollado diversas tareas web, desde portadista a redacción, pasando por la coordinación de contenidos especiales. Actualmente es jefe de sección en la web.
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El campeón lo tenía difícil, más de lo que parecía. El Shakhtar quizás no estaría ni en la Primera División española, pero es un equipo muy peligroso en su campo. Y a un partido, por tópico que sea, puede pasar cualquier cosa. La lógica decía que si el Sevilla lograba un gol, el pase estaría en el bolsillo, pero como para confiarse. El peligro ucraniano llevaba acento portugués, a lo que había que sumar al impetuoso rumano Marica. Elano, ese objeto del deseo atlético estaba de momento en el banquillo.

El comienzo nos reveló el que sería el estilo ucraniano para casi todo el encuentro. Esconderse en la madriguera, rezar a todos los santos ucranianos, y esperar que el frío hiciera mella en el equipo español. Lo mismo que Alejandro con Napoleón. El campeón tenía el balón y presionaba muy arriba la salida de los ucranianos, pero no terminaba de enlazar. Aún así la sensación de peligro cada vez que los sevillistas llegaban al área rival era máxima, gracias a la permisividad de la defensa local, que se mostraba muy insegura. La presión ucraniana era desastrosa, y por momentos no hacían ni amagos de adelantar líneas, acumulándose gran cantidad de jugadores en el área o en sus inmediaciones.

Con este panorama la llegada del gol parecía sólo cuestión de tiempo, y el primer aviso lo dio Maresca, tras fuerte disparo desde la frontal que desvió Shust a córner. Instantes después, un lanzamiento de Adriano fue igualmente despejado por el guardameta, que estaba siendo ya el mejor de su equipo. El problema es que el Sevilla no tenía muy claro cómo atacar la poblada defensa enemiga, decidiéndose por el centro y descuidando los flancos.

En un instante de descuido (y han leído bien, descuido) ucraniano, el equipo de Lucescu adelantó sus líneas, aunque sólo le sirvió para poner de manifiesto su inoperancia ofensiva. Cuando las cosas volvieron a la normalidad, Maresca volvió a acercarse al gol, y de nuevo Shust, al que llamaremos ‘el Casillas del Este’, lo evitó enviando el balón al palo. En estos momentos se preguntaba uno cómo era posible que este equipo hubiera sacado un empate del Pizjuán, pero en cualquier caso seguían siendo ellos quienes se clasificaban una vez llegado el descanso.

Palop empata la eliminatoria

El Shakhtar salió al césped con otro espíritu en la reanudación. Los ucranianos debieron recibir la severa reprimenda de su entrenador en los vestuarios y eso se plasmó en el campo. Y de qué manera. A los dos minutos, Belik daba el primer aviso de todo el encuentro por parte del conjunto local, en la que era también la primera buena combinación ofensiva de su equipo. Pero lo mejor estaba por venir. Matuzalem, brasileño no demasiado entrado en años, hizo pocos minutos después uno de esos goles que da gusto ver aunque sean del equipo rival. Emulando al mejor Di Stéfano o a René Higuita, aunque sin el estilo de éstos, remató espectacularmente un centro de Belik al estilo escorpión. Tremendo, soberbio, superior. Sobran las palabras.

El tanto era un mazazo para los sevillistas, incapaces de aprovechar ninguna de sus ocasiones en la primera mitad, se veían ahora en la obligación de hacer dos tantos. Casi sin tiempo a asimilar la obra de arte de Matuzalem, la angustia hispalense se vio menguada con el tanto del empate, obra de Maresca tras un gran pase de Alves. El brasileño no estaba tan acertado como en otras ocasiones, pero demostraba que siempre se puede esperar algo de él.

El encuentro volvía a depender de un gol. Si lo hacían los ucranianos sería casi la sentencia, si caía del lado español sería el oxígeno que le faltaba al Sevilla. Pero ahora no todo estaba tan claro. El rival había enseñado los dientes, y los de Juande comenzaban a desquiciarse, protestándolo todo y discutiendo continuamente entre ellos. Y para colmo el juego se endurecía, siendo casi siempre los sevillistas quienes recibían ante la indulgencia de Gianluca Paparesta.

A falta de diez minutos, la falta de fuerzas, que empezaba a ser evidente en las piernas de los jugadores sevillistas, y las sorprendentes contras ucranianas terminaron por matar el encuentro. Elano (que desde que entró trajo de cabeza a Alves por la izquierda) aprovecha una internada para batir por bajo a Palop. No era un espejismo. El Shakhtar estaba siendo mejor y con anterioridad podía haber hecho el segundo en varias ocasiones. Ahora sólo quedaba la esperanza de empatar la eliminatoria, pero la hazaña se veía realmente lejana.

Aún así el Sevilla no cesó en el empeñó, y tuvo la ocasión de rescatar a su equipo, pero su disparo, con Shust batido, se marchó fuera rozando el travesaño. No era el día. Parecía increíble pero el campeón estaba siendo eliminado. Casi estaba la hora cumplida, pero la diosa fortuna se alió esta vez con el Sevilla. En el último suspiro, la última jugada, el último córner del encuentro, Palop, que había subido a rematar consigue el más difícil todavía y bate de cabeza la portería de su colega Shust. Vaya partido, y todavía quedaba la prórroga.

Chevantón acaba con el suspense

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En el tiempo añadido el dominio fue para el Sevilla, que volvió a acosar el área rival. De nuevo los ucranianos ofrecieron su cara más gris, la del comienzo del encuentro y no ofrecieron respuesta ante los continuos ataques que amenazaban con noquearlos. Finalemente el conjunto español volvió a golpear en el descuento. Esta vez fue Chevantón el que se erigió en héroe y dio el tanto que a la postre sería el de la clasificación.

Aún quedaban quince minutos de juego, pero el partido ya había dado todo de sí, y no era poco. El Sevilla había firmado la clasificación con una actuación épica, de las que hacen afición y proporcionan más placer a la victoria.

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