Del Bosque o el don de la normalidad
Del Bosque o el don de la normalidad
Hizo mucho, como futbolista y como entrenador del Real Madrid, sumó títulos y honores, pasó a la historia dejando buen sabor y ninguna mala palabra, y todo con exquisita normalidad, con nobleza, como si el saber estar, la educación y el respeto, no pudieran ser alterados ni tan siquiera tras una victoriosa final de la Liga de Campeones, el momento de mayor gloria de cualquier técnico o futbolista. Y él ganó dos. En Inglaterra ya le habrían nombrado Sir, como a Alex Ferguson, y eso que el técnico escocés del Manchester United sólo tiene una Champions.
Puede que la etapa de Vicente Del Bosque en el Real Madrid resulte irrepetible. Incluso si volviera al banquillo blanco. No parece fácil ganar siete títulos en cuatro temporadas, entre ellos, dos Ligas de Campeones, una Intercontinental y dos Ligas. Sólo Miguel Muñoz puede superar los registros del salmantino en la historia del club. Puede y parece irrepetible, y puede que sea mucho mejor dejarlo todo como está. Los recuerdos, lo que dejaste atrás, lo que aún te colma de orgullo cuando se invoca a la memoria, resulta mucho más placentero e importante que el presente de prisas o un probable futuro lleno de éxitos.
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Ha rechazado innumerables ofertas para entrenar, en España y en el extranjero, pero no ha querido dejar de nuevo Madrid, su familia, el centro sobre el que gravita su vida. Por otra parte, qué ganas, al fin y al cabo, Del Bosque vive ahora instalado en una cómoda y apreciada tribuna, desde nos deja su siempre sabia opinión sobre los temas que más inquietan a la afición blanca, como el más respetado gurú del madridismo. Y don Vicente contesta a quien le reclama, tanto si las cosas no marchan bien en Chamartín o cuando se trata de comentar un acierto o éxito del club.
Y todo con extrema normalidad, desde el respeto, sin confundir sinceridad con ofensa. Como siempre, todo un caballero.



