"Su viuda me comentó: Pancho era madrileño"
El sábado fue un día muy especial para Santamaría, Amancio, Zoco, Velázquez,López Serrano (responsable del Madrid para asuntos internacionales) y Ramón Calderón. Todos ellos asistieron en Budapest al emotivo entierro de Puskas.


Las imágenes que nos han llegado de la ceremonia fúnebre celebrada en Budapest para despedir a Ferenc Puskas impresionan...
No es para menos. Si le vale, le diré que jamás asistí a un entierro con semejante solemnidad. Recuerdo que cuando murió Franco se organizó en Madrid un entierro que movilizó también a miles de personas, pero es que Puskas fue despedido en Budapest como si fuese el Jefe de Estado de Hungría. Nos mirábamos Amancio, Santamaría, Zoco, Velázquez o su admirado José Luis López Serrano, y asumíamos orgullosos que Pancho fue mucho más que un futbolista. Todos regresamos emocionados.
¿Qué le llamó más la atención de lo vivido allí?
El sentimiento de un pueblo entero. Nada más aterrizar en Budapest vimos a la gente con brazaletes negros. Por las calles el féretro desfiló con miles y miles de húngaros velándole, con un silencio y un respeto que te helaba la sangre. El homenaje en la Plaza de los Héroes parecía sacado de otra época por la grandiosidad escénica. Puskas se merecía eso y más. Pero nada supera lo que vivimos en el estadio...
¿Cómo fue?
Instalaron en el centro del mismo un catafalco espectacular, rodeado por cientos de velas y cuatro hogueras que incrementaban una emoción callada que se desató cuando un coro de casi 400 personas interpretó el Concierto de Aranjuez. Es que Puskas se sentía muy español.
¿A pesar de haber llegado al Madrid con 31 años?
Por supuesto. Me lo explicó horas antes su viuda, Erszebet, una mujer admirable que compartió mesa y mantel con nosotros y personalidades tan significadas como Samaranch, Blatter, Beckenbauer, Platini, Villar o Jeno Buzanszky, uno de los dos supervivientes de aquella triunfal selección húngara de los años 50. Erszebet me dijo que Pancho se sentía madrileño, pues no hay que olvidar que durante veinticinco años no pudo regresar a Hungría ni para ver a sus padres por culpa de los problemas políticos. Puskas y su mujer tenían una casa en el barrio del Niño Jesús, cerca del Retiro, que llegó a ser la auténtica Embajada de Hungría en España porque Puskas era tan generoso que siempre la tenía llena de compatriotas a los que ayudaba con comida y dinero. Además, su única hija tiene una casa en Benidorm, donde Puskas gustaba de ir con su familia a principios de los años 60, cuando apenas era un pueblo precioso de pescadores con cuatro casitas.
¿Hará algo el club por la familia de Pancho?
Sí, ya hay varios proyectos en marcha. Lo primero será ponerle un busto en la Ciudad de Valdebebas. Vamos a encargar a un escultor su creación para que sea una reproducción casi perfecta de su cara. La instalación la haremos dentro de varios meses y servirá para hacerle un homenaje como merece por parte del Madrid, al que sí podrán acudir Di Stéfano y Gento. Aparte del busto, nos hemos traído de Budapest una biografía de Puskas, escrita en húngaro, que acaba de ser publicada allí.
¿Han podido leerla? ¿Es rigurosa en su contenido?
López Serrano, que era amigo íntimo de Pancho, me dice que sí y ya está trabajando en ello para hacer un anexo, en el que se ampliará la parte referente a su trayectoria en el Madrid. Además, se traducirá al castellano para que puedan disfrutar todos los madridistas de unas anécdotas que me dicen que son realmente deliciosas. Además...
¿Sí?
Su viuda me dijo que guarda objetos personales y medallas de Puskas que nos donará en el futuro para que engrosen el definitivo Museo del Club, que quedará emplazado en las instalaciones de Valdebebas. La precariedad económica de la familia forzó que hace unos años tuvieran que venderse muchas piezas y trofeos de Pancho en la casa de subastas Sotheby's de Londres, pero el resto pasará a formar parte de nuestro patrimonio.
Usted arrancó una ovación sentida cuando habló en el estadio Ferenc Puskas.
Fue gracias a la organización, que cabe calificar como perfecta. Yo hablé en un atril ante más de 10.000 personas y en un ambiente que era sobrecogedor. Pero ellos tuvieron la delicadeza de traducir al húngaro en los videomarcadores, de forma simultánea, lo que yo iba diciendo. Sólo les dije la verdad. Que Puskas fue un héroe para mayores y niños y que España estaba en deuda con Hungría por habernos permitido disfrutar de un ser humano tan excepcional durante tantos años. Mientras yo hablaba, en el catafalco escoltaban Amancio, Zoco, Velázquez, Santamaría y Serrano el féretro de Puskas. Lo que más me emocionó fue que la bandera del Madrid presidía la escena. En ese instante sucedió algo que nos puso los pelos de punta.
Cuente, por favor.
El coro elevó sus voces al unísono con una música tan profunda que tardaremos en olvidar. Acto seguido, en una tribuna blanca se encendieron decenas de antorchas y ondearon varias banderas del Madrid mientras soltaban más de un millar de palomas al cielo de Budapest, lo que fue una nueva demostración de que en Hungría se valora que Puskas, aunque llegase aquí pasados los 30 años, adquirió su definitiva celebridad mundial gracias a sus gestas deportivas con la camiseta blanca.
¿Se han solucionado los problemas económicos que existían para repartir los gastos provocados por un adiós tan espectacular?
El Gobierno húngaro se ha volcado con este entierro y me dicen que se han gastado más de 900.000 euros. Quizás antes no fuese así y ello puede explicar que la viuda prefiriese no ir personalmente al estadio, porque la mujer estaba muy afectada. Su hija sí acudió allí. El Madrid, mientras estuvo enfermo e ingresado, ayudó siempre a un hombre que ha superado al futbolista.
¿Sabía usted que Puskas tuvo un negocio de salchichas en Madrid?
Sí, me comentó su viuda que cuando Pancho puso en nuestra ciudad su tiendecita de salchichas, que llevaban su mismo nombre, no pensaba en cuánto pudiera quedar en la cuenta de beneficios, sino en que a los aficionados del Madrid y a los húngaros que visitaban el establecimiento les pareciese que eran de calidad olvidándose del nombre ilustre que llevaban. Dicen que nunca pensó en su persona, por eso me da rabia que me pillaran de niño sus años de gloria aquí porque me habría gustado disfrutar como presidente del Madrid de una figura de semejante calibre. Lo que sí recuerdo fue su homenaje.
¿Es un farol?
No, porque Velázquez fue uno de mis ídolos y fue justo él quien le suplió esa noche de finales de los 60 ante el Rapid para cederle para siempre esa camiseta legendaria con el número 10 a la espalda.
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Se le ve emocionado.
Es que las horas que pasamos en Budapest no se pueden explicar si no las vives de primera mano. Ahora entiendo lo grande que fue Pancho...



