Primera | Real Madrid

El Madrid dice adiós a su 'Cañoncito-Pum'

Llegó a Chamartín con 31 años y barriga. Venía tras dos temporadas parado, después de su exitosa trayectoria en el Kispest y el Honved. Su extraordinaria zurda pudo con su físico y Puskas fue clave en el mejor Madrid de la historia.

<b>EL MEJOR ATAQUE. </b>Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento, de izquierda a derecha. La mejor delantera de la historia mezclaba velocidad, habilidad, inteligencia y ambición para ganar.
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Nacido en Budapest el 2 de abril de 1927, Ferenc Purcfeld Biro era hijo de un jugador del norte de Hungría y, como tal, la pasión por el fútbol pronto surgió de sus venas. Siendo un crío y con otro querubín a su lado, Ladislao Kubala, se dedicaba a empalar los balones que los jugadores del Kispest tiraban fuera. Coger el balón con las manos estaba prohibido. Quizá se explique con este simple entretenimiento la forja de la zurda más precisa y potente que ha dado el fútbol y que en el Madrid le valió el apodo de Cañoncito-Pum.

Poco a poco comenzó a destacar. Tenía un don para el golpeo de la pelota y una inteligencia desmesurada para cruzarse en el camino del gol amén de un carácter ganador: cuando los técnicos del Kispest le insinuaron su falta de velocidad, se dedicó a perseguir los tranvías por Budapest para mejorar su condición física.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Ferenc pasó a apellidarse Puskas, que significa "escopeta" en magiar. El apellido Purcfeld, de origen alemán, no era nada recomendable. Fue su padre quien decidió la nueva nomenclatura familiar.

Pero volvamos al fútbol. Su evolución en el Kispest fue rápida: debutó con 16 años con una derrota ante el Nagyvaros. Con 18 debutó con la selección húngara ante Austria, marcando su primer gol. Comenzaba una prolífica trayectoria internacional con los magiares, con los que marcaría 83 goles en 84 partidos. En 1949, el Kispest pasó a ser el Honved, el equipo del Ejército. Desde entonces y hasta 1956 ganaría cinco Ligas con figuras como Grosics, Buzanski, Bozsik... Con parte de ese bloque fue campeón olímpico en 1952. Un año después llegó su victoria más sonada: el 25 de noviembre de 1953, en el histórico Wembley, Puskas y compañía ofrecieron una lección ante Inglaterra. El resultado, 6-3, y la brillantez del juego magiar hicieron que pasase a la historia como uno de los partidos del siglo. Sin embargo, en 1954, perdería en la final del Mundial ante Alemania (3-2), aunque marcó el primer gol.

En octubre de 1956, tropas soviéticas invadieron Budapest. Algunos miembros de la plantilla del Honved, que iba camino de Bilbao para jugar un partido de Copa de Europa ante el Athletic, decidieron desertar al conocer la noticia. Uno de ellos era Puskas. La FIFA le impuso una sanción de dos años. En ese tiempo, se afincó en La Riviera italiana. Allí, la inactividad le llevó a descuidar su forma física -pesaba 12 kilos más que cuando jugaba-, hasta que apareció Santiago Bernabéu, que aconsejado por Emil Ostreicher, impuso su criterio.

Récords. El 11 de agosto de 1958, Puskas firmó con el Madrid y tras un mes de duros entrenamientos debutó ante el Sporting dejando una brillante carta de presentación: tres goles, con los que disipó cualquier duda. Comenzaba una espectacular carrera en el conjunto blanco, en el que marcó 236 goles en nueve años y ganó tres Copas de Europa, cinco Ligas, una Copa Intercontinental y una Copa de España. Además fue cuatro veces máximo goleador de la Liga.

Tras retirarse como futbolista, se convirtió en entrenador: San Francisco Gales, Vancouver Royals y Alavés fueron el preludio de su gran éxito con el Panathinaikos, al que llevó a la final de la Copa de Europa (contra el Ajax, en 1971). Además, fue seleccionador de Arabia Saudí, dirigió a Murcia, Colo Colo, Sol de América, El Masri, Cerro Porteño y South Melbourne, con el que fue campeón. Su último trabajo lo hizo como miembro del cuerpo técnico de Hungría.

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Sus cuatro goles en la final de 1960

Uno de los grandes logros de la carrera de Puskas fue marcar cuatro goles en la final de la Copa de Europa de 1960, disputada en Glasgow contra el Eintracht de Frankfurt. El primero, que significaba el 3-1, fue un duro disparo con su pierna izquierda. El segundo lo consiguió al transformar un penalti cometido sobre Gento elevando el marcador a un casi definitivo 4-1. El tercero (el 5-1) lo logró al rematar un jugadón de Gento y el último gol que anotó fue después de culminar un excelente centro de Marquitos (6-2).

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