"¿Ronaldo suplente? El talento no lo es todo"
Hagi jugó en el Madrid de la caída libre de la Quinta del Buitre (1990-92). 'El Maradona de los Cárpatos' atendió a AS en el Donostiarra.


De vuelta por Madrid. No me dirá que viene a ver ganar al Steaua en el Bernabéu tras el 1-4 de Bucarest...
Lo sé. Es casi imposible que esta noche ganen mis compatriotas. Pero no se olvide de una cosa...
Cuente.
El Steaua es como el Madrid de Rumanía. Es un equipo guerrero, con una tradición basada en ir a ganar siempre. Donde sea. Y si el rival tiene la grandeza del Madrid, mejor que mejor. El Steaua debería traducirse como: "El equipo que no se rinde nunca".
No me irá a comparar a este Steaua con aquel equipo grandioso que ganó la Copa de Europa al Barça en Sevilla o el que jugó la final del Camp Nou ante el Milán de Sacchi.
Yo estuve con ellos tras la gesta del Sánchez Pizjuán y no olvido que en cuatro años jugaron dos finales y en otra edición fuimos semifinalistas.
Menudo agua les dieron esa noche Van Basten, Gullit, Rijkaard...
Mire, aquel Steaua era un milagro. Todos éramos rumanos y, aunque esté mal decirlo por mi parte, creo que giraban en torno a mí, que he sido elegido en mi país como el mejor jugador de fútbol nacido allí. Pero esa noche había 80.000 italianos en las gradas y esos holandeses eran auténticas máquinas. Imposible meterles mano.
Y se vino al Real Madrid para recuperar la autoestima.
Le voy a confesar algo. Precisamente fue el Milán el que vino a ficharme. También me quería el París Saint Germain. Pero me telefoneó el señor Mendoza. Me citó en el hotel Intercontinental de Bucarest, con el ex internacional Petrescu representando al Steaua. Si te llama el Madrid sólo puedes rezar, dar gracias al cielo y decirle al presidente, como fue el caso, que yo firmaba en blanco si hacía falta.
Pero sus inicios fueron terribles.
Sí. Los primeros seis meses lo pasé de pena. No entendía el idioma, las comidas eran con otro concepto y los horarios eran de otro mundo. Gracias a gente como el amigo López Serrano me integré mejor en la ciudad. Pero como era joven acabé metiendo la pata.
Explíquese, Gica.
En la segunda temporada de blanco di mi verdadera medida. Metí 16 goles entre las tres competiciones y llegamos a la famosa primera Liga de Tenerife y a la final de Copa con el Atleti en el Bernabéu. Era el doblete soñado. Mendoza me prometió renovar por cuatro años si alcanzábamos el objetivo. Pero en Tenerife nos quitaron el título, el Atleti nos ganó con dos golazos de Schuster y Futre, me lesioné en esa final de Copa a los diez minutos y yo me derrumbé.
Y se fue.
¡En mala hora! Fue el gran error de mi carrera. Nunca debí irme del Madrid. Pero me llamó mi compatriota Lucescu y me fui al Brescia italiano. Allí era el número uno. Pero como el Madrid no hay nada. El Bernabéu, la leyenda, su historial en la Copa de Europa. Nunca me perdonaré haberme ido del club más grande que haya existido jamás.
Parece usted socio del Madrid.
En espíritu lo soy. De hecho, estos años he visto todos los partidos del Madrid a través de TV Sport. Pero este año no renovaron el contrato y ahora ha comprado parte de los derechos la B1. El otro día dieron el Nàstic-Madrid y vi que han dejado de ser frágiles.
No me engañe. Usted era un jugón y no me creo que le gustase el fútbol desplegado en Tarragona.
La gente se equivoca en una cosa. Tras tres años sin ganar nada Capello es el técnico ideal para el Madrid. Los resultados te dan la tranquilidad para luego jugar bien, y no al revés. El Barça hace eso que llaman jogo bonito, pero este año le han pasado por encima el Sevilla, el Valencia, el Chelsea en Londres y el propio Madrid...
¿Pero no le choca ver a jugadores como Ronaldo o Beckham en el banquillo?
Mire, el Madrid es muy grande y se ha ganado el respeto por su historia. Por eso los jugadores que defienden esa camiseta sólo pueden ganarse el respeto dejándose la vida cada día por ese escudo. No es suficiente con el talento. El Madrid debe estar por encima de cada individualidad, por célebre que sea. Fíjese que a mí me sustituyó Beenhakker en la segunda parte del famoso partido de Tenerife, y eso que había metido un golazo de falta. Pues no me enfadé. Me senté en el banquillo y lloré de rabia al ver que perdíamos la Liga.
¿Cómo puede el Madrid recuperar la bandera del fútbol ante ese Barça en el que usted también jugó dos años de su carrera?
Sencillo. Que hagan caso a Capello. Él conoce la medicina para despertar a un enfermo, como hizo hace diez años en esta misma casa. Fabio les ha dado equilibrio defensivo, que ha sido la cruz del llamado Madrid de los Galácticos. Raúl es el eje de esa revolución.
¿Por?
Raúl es el capitán, siente los colores y ha sabido administrar su bajón físico de estos últimos años. Pocos tienen su capacidad de superación. Es un ganador nato y al Madrid le irá bien seguir teniéndole como su gran referente.
Hábleme de su Steaua. No parece que vayan a amargarle esta noche la fiesta a los madridistas.
No se fíe. Hombre, no sé qué portero jugará ni si el equipo se encogerá en un escenario como el Bernabéu.
¡Pero si habrá 15.000 rumanos en las gradas!
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Es verdad. Le voy a contar un secreto. Hoy voy con el Steaua. Mis amigos de aquí sabrán perdonármelo...
Suerte, maestro. Está perdonado.



