Liga de campeones | O. Lyon 2 - Real Madrid 0

Otro proyecto en cueros

El Lyon barrió al Madrid en la primera mitad. Fred y Tiago, goleadores. En la segunda parte hubo reacción, pero también impotencia. Triste imagen

<b>RUUD NO TUVO ACIERTO</b>. En la imagen, Van Nistelrooy intenta batir a Coupet en una de las jugadas más claras de las que dispuso el Madrid en la segunda parte. Su chut se estrelló contra el lateral de la red. El holandés no fue el delantero letal que se exhibió contra el Levante hace tres días, pero también es cierto que apenas recibió balones. Y sin suministros, no brilla.
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Se pueden hacer muchos análisis sesudos, pero también es posible simplificar la cuestión: el Lyon tiene a Tiago y Juninho en el centro del campo; el Madrid a Emerson y Diarra. La comparación es odiosa. Evidentemente, los madridistas son más fuertes y ganarían una pelea de lucha libre. Deben levantar más pesas y hasta acepto que sean más disciplinados en el campo. Pero si se trata de jugar al fútbol, de jugar bien, de inventarlo, de rondar el gol y mover a los compañeros, en ese caso, no hay color. Los del Olympique son dos futbolistas exquisitos. ¿Qué ocurre, entonces? ¿Es posible formar un equipo competitivo sin pivotes defensivos? Parece que sí. El robo del balón, esa obsesión, es un trabajo que no depende de un par de especialistas, sino de la actitud general, asunto en el que influye tanto el entrenador como la correcta elección de los jugadores. No recuerdo ni un tarugo entre los franceses, sólo buenos futbolistas.

Desde ese planteamiento, el Madrid es un corpachón sin cabeza, al que ni siquiera el músculo le protege. Sin balón, la defensa está demasiado expuesta. Tampoco hay costumbre de encerrarse. Y no hay balón porque no hay nadie capaz de mantenerlo en la medular, con cierto criterio, digo. Con unos pivotes con menos imaginación que un mádelman la única salida es el pase largo de Beckham. Un recurso interesante utilizado como sorpresa, pero inútil como estrategia. Lo peor es que la solución es complicada. En principio, que juegue Guti. Como los pivotes son sagrados, eso sacrificaría a un mediapunta. En este caso ignoro si Raúl también es sagrado. ¿Tanto dinero gastado para esto?

Los defectos mencionados pasan inadvertidos frente a rivales menores, a los que incluso es posible golear. Y también quedarán ocultos en muchos partidos que se disputen en el Bernabéu, donde un par de arreones serán suficientes para vencer. Pero ante equipos armados, los defectos te condenan hasta el rubor. Así ocurrió la temporada pasada.

Sí, da la impresión de que después de tanto cambio, las cosas no han cambiado demasiado. De hecho, el partido contra el Olympique se pareció mucho al de hace un año. Entonces (con Gravesen y Pablo García al timón, cielos) el resultado fue más abultado, pero tal vez en esta ocasión la imagen haya sido todavía peor, porque bien pudieron caer cinco goles como cinco soles en los primeros 45 minutos. La segunda parte fue idéntica en ambos casos: con el trabajo hecho, el Lyon se dedicó a mantener el resultado y el Madrid a chocar contra el muro de su impotencia, a maquillar su fiambre.

El arranque. Lo dicho, en la primera parte el Madrid no ganó ni el sorteo de campos. Se mantuvo en pie diez minutos, que equivaldrían a diez segundos en un combate de boxeo. En ese intervalo resultó aparente, blanquísimo y animado. En un par de ocasiones presionó muy arriba la salida del balón del Olympique y causó ciertos problemas a la defensa contraria.

El Lyon se estiró con alguna pereza, pero bastaron un par de combinaciones para que descubriéramos (o recordáramos) que este equipo se embala cuando conecta. Es ágil, joven, fresco y rápido. Uno de esos equipos en los que la armonía borra los números y acabas por no distinguir si el taconazo lo dio un blanco o un negro, porque son todos iguales, igual de buenos.

Diarra, que fue recibido con pancartas de bienvenida, entendió pronto que era una trampa. Para que sonriera y se le alumbraran los dientes. Una vez localizado, Juninho le cazó con una de esas entradas que reciben el indulto del primer minuto. Era un aviso. Puestos a ser malvados no es mala idea enviar al artista a poner la bomba. Poco después, fue víctima de otra falta que le hizo rodar por el césped. Otra vez Juninho, sus ojos color de agua y sus cuencas cavernosas, no sé qué me pasa hoy. Y de rositas.

Como se aprecia, no es necesario fichar a los apandadores para repartir leña. Eso sí, cumplido el trabajo sucio, Juninho se dedicó a jugar al fútbol, como sabe. A los seis minutos ya había puesto a prueba a Casillas, que recibía los proyectiles con cara de susto. Y repelió media docena.

A los diez minutos se adelantó el Olympique. Juninho controló en el medio campo y tuvo tiempo de otear el horizonte antes de mandar un pase fabuloso a la carrera de Fred. Es increíble que la jugada naciera sin oposición de los perros de presa del Madrid. Y resulta más sorprendente todavía que un central como Cannavaro se tragara el balón. Fred marcó con una sencilla vaselina.

Tres minutos después, Malouda cabeceó, a la salida de un córner, completamente solo. Su par, Diarra. Su mala fortuna, tropezar con los prodigiosos reflejos de Casillas. A esas alturas ya resultaba difícil taponar tantas vías de agua. Con Roberto Carlos fijo en la defensa, la banda izquierda era inexistente. Sobre el centro del campo, lo consignado. Curiosamente, Raúl era el centrocampista que más presionaba. El problema es que no es centrocampista. Van Nistelrooy era un náufrago y Cassano un talento insuficiente.

En el minuto 30 marcó Tiago. El gol fue la consecuencia de una jugada magnífica y una asistencia de Govou, que burló a los defensas con un amago. El temporal, en lugar de amainar, arreció. Casillas salvó el tercero al despejar un disparo de Reveillere a pase de Fred. Poco después, una cantada de Cannavaro propició un chutazo de Malouda que se estrelló en el larguero. Todavía hubo algún susto más.

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En la segunda mitad, Reyes entró por Cassano. El panorama cambió porque el Lyon se dedicó a verlas venir. Eso mejoró al Madrid, claro. También la entrada de Guti, que relevó a Beckham. Y por supuesto la sustitución de Raúl por Robinho. En cualquier caso, sólo un par de oportunidades para marcar gol. En la más clara, Van Nistelrooy y Ramos se estorbaron penosamente en el remate de cabeza.

Otra vez habrá que corregir el rumbo sobre la marcha. Otra vez se ha aplazado la revolución. Otra vez la maldita autocomplacencia.

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