¡Ronie, vuelve ya!
La película tenía un guión tan descodificado por todos que al final ocurrió lo esperado. Empate a cero y juego rácano y previsible. El Villarreal tampoco engrandeció un espectáculo indigno de dos aspirantes al título. Fue un partido horribilis.


El sopor.
Los diccionarios están para adaptarse a los tiempos. Por eso, si el de la Real Academia de la Lengua se actualizase hoy definiría así la palabra sopor: "Apuesta futbolística diseñada por un entrenador italiano llamado Fabio Capello, basada en no sufrir sobresaltos, no arriesgar en ataque, blindarse en torno a la defensa, no crear ocasiones de gol y no recibirlas. O sea, el sopor".
El Fenómeno.
El auténtico palco VIP que había ayer en el Bernabéu es el ubicado en el lateral que da a La Castellana. Allí estaba Ronaldo, ataviado con una espléndida camisa blanca, junto a familiares y amigos. Mediada la primera parte me hubiese gustado abrazarme a él, haberle insuflado mi entusiasmo y que por arte de magia hubiese saltado al campo. Así, el partido habría tenido un atractivo con un jugador diferente, distinto, que se salta el guión castrense de Capello, que llega tarde a casa, que copia en clase, que prefiere los dibujos de Los Simpson a los de La Cenicienta... Pero es el mejor. Presidente, no lo venda por favor. ¡Ronie, vuelve ya!
Cap...ado.
El fútbol (?) del modelo Capello me recuerda a Plutón, al que esta semana le han negado la condición de planeta. El Madrid ya no es una Galaxia y yo he sido el primero en aplaudir ese regreso a la seriedad, el compromiso y la disciplina. Pero no olvido que el fútbol es espectáculo, y ayer el único espectáculo lo dio Raúl Bravo con unos voleones despejando balones que casi obligan a desviar la ruta aérea de los vuelos que llegaban a la capital. Me llamaron dolidos por esta imagen mis amigos de las peñas Alaior (¡grandes Sebastián y Domingo!), Albox, Albalat dels Sorells, Villarrubia de los Ojos y Herencia. Todos unidos por un sentimiento: "Fabio, así no...".
Grande Riquelme.
La afición tuvo una paciencia admirable, que demuestra su coherencia. El proyecto acaba de arrancar y hasta el Renault de Fernando Alonso necesita una vuelta de reconocimiento para calentar sus motores. Pero viendo los amagos y los toques sutiles de Riquelme (¡contemplados por Robinho y Cicinho desde el banquillo!), uno se pregunta qué puede pasar por la cabeza de Capello para que nada ni nadie le desvíe de su tozuda postura.
Cassano.
Sólo Cassano, del que Cannavaro dijo que ahora está "magro", me arrancó algún gesto de admiración gracias a su descaro. Quizás por eso, fue el primer cambio que ordenó Capello. Tirillas Cassano, tranquilo porque no estás solo amigo.
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Lionnel.
La única alegría de este triste arranque. Lionnel, ese africano de 16 añitos que nos deslumbró en un Torneo de Canal+, fue el verdugo del Rayo B metiendo el gol del triunfo para el Madrid C en el descuento. Chaval, que no te vea Fabio. Ser célebre ahora es pecado...



