Primera | Zaragoza

D'Alessandro. La segunda oportunidad

Antes de debutar en la Primera División argentina ya fue convocado por Bielsa para la albiceleste absoluta Su paso por Europa, en dos ciudades tan poco futbolísticas como Wolfsburgo y Portsmouth, le ha perjudicado Francéscoli le pidió una camiseta y es íntimo amigo de Saviola

D'Alessandro
Julio Maldonado
Importado de Hercules
Actualizado a

Siempre hay una segunda oportunidad y el Zaragoza, por orden de Víctor Fernández, se ha encargado de dársela a Andrés D'Alessandro, talento zurdo de la cantera de River que hace dos años estaba a punto de comerse el mundo y sufrió un frenazo en dos ciudades tan poco futbolísticas como Wolfsburgo y Portsmouth. Pero D'Alessandro está en España para demostrar porqué el mismísimo Enzo Francescoli le pidió un día una camiseta firmada para su hijo y porqué visitó el Bernabeu como integrante de una selección del resto del mundo.

Quizá le llegó la fama demasiado de golpe, ya que en Buenos Aires se le trató como una gran estrella del rock, seguro que el fútbol físico alemán le perjudicó en su estilo de juego al pie y cabeza levantada, y desde luego necesita la libertad que allí no le dieron. Lo cierto es que su paso por Europa de momento ha sido decepcionante.

"Calzo un 39 y por eso tengo más precisión", suele decir cuando se le pregunta por su forma de regatear y de esconder la pelota. Y seguro que ni él sabe cuando empezó a manejarla. Nació en el Sanatorio Lavalle el 15 de abril de 1981, pesó tres kilos cien gramos y su primer juguete fue un balón. Eso lo ha asegurado siempre su padre, chapista de profesión e hincha de Rácing. Por eso le llevó a los seis años a Rácing de Villa del Parque, en Nogoyá y Helguera. En cuanto el técnico le vio se quedó impresionado, aunque un accidente casero estuvo a punto de mandarlo todo al garete. Una tarde se pilló una mano con una puerta de hierro, acabó en el hospital y por poco se queda manco. Travesuras continuas que hoy recuerda con cariño, muchas de ellas junto a su gran amigo Javier Saviola.

Intimos desde críos, incluso sus familias solían salir juntas de vacaciones y entre los dos organizaban partidos en las playas de Mar del Plata. También se enfrentaron. Cuando los dos jugaban en las divisiones inferiores de River lo hacían además en los equipos del barrio. Andrés en el Jorge Newberry y Javier en el Parque Chas. En cada enfrentamiento había incluso marcaje al hombre, conscientes los entrenadores de cómo se conocían. Y los dos fueron juntos recogepelotas en River.

Era el equipo de Ortega, Crespo y de un Francéscoli en el tramo final de su carrera. Cuenta Andrés que ver aquellos partidos desde tan cerca le ayudó. Y casi sin darse cuenta ya estaba en el césped del Monumental de Núñez con la franjirroja. Es más, incluso antes de debutar en primera ya había sido llamado por el seleccionador Marcelo Bielsa para la absoluta, un caso con muy pocos precedentes en la historia del fútbol. Le llamó el preparador físico de los juveniles, Urtasún, y Andrés creyó que era una broma. Pero no. Se marchó a España con la absoluta, regresó y firmó con 17 años su primer contrato de verdad antes de ponerse a disposición de Gallego en River.

Aún faltaban dos años para que ganase el Mundial Sub-20 junto a su inseparable Saviola, en un equipo que llegó a bordar el fútbol en la semifinal ante Paraguay. El vídeo de aquel partido es una joya cuyo valor crece con los años. Convocado a última hora por la lesión de Romagnoli fue uno de los armadores del juego, como en River, cuando jugó su primer partido de titular ante Almagro en mayo de 2001. Cerca de la banda izquierda pero con libertad, como a él le gusta.

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Más tarde seguiría con Ramón Díaz, siempre con el 10 a la espalda, todo hasta por fin debutar con la absoluta con Bielsa en un amistoso ante Honduras. Más tarde medalla de oro olímpica en Atenas 2004 y llegada al Wolfsburgo gracias a nueve millones de euros de traspaso y la promesa de que el equipo pelearía por la Bundesliga.

No fue así, Aughentaler jamás le dio libertad y Andrés se fue marchitando poco a poco. Aquello no funcionó, terminó en el Portsmouth a las órdenes de Harry Redknapp, justo el técnico que tan cerca estuvo de llevarle al West Ham un par de años atrás. Ahora trata de reanimarse en el Zaragoza, y Víctor Fernández espera que tenga su magnífica zurda a punto. Si es así, volverá el mejor D'Alessandro. De momento hay que darle el margen de confianza.

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