Capello, así no...
No hubo consuelo para el Madrid en la final del desconsuelo. Un golazo de Riquelme bastó para dejar en evidencia las taras del previsible Real Madrid de Fabio Capello. Últimos del Ramón de Carranza, un puesto que es para el sonrojo.


Bronca absurda.Me consta que al entrar Capello en el vestuario del coqueto Ramón de Carranza tras el batacazo ante el Betis, montó en cólera. Era casi la una de la madrugada. Despotricó contra todo y contra todos (ya lo hizo en Salt Lake City). Ya se imaginan el vocabulario, estilo Benito Floro en Lleida. "Tengo 60 años y a mí no me vais a tomar el pelo. Sois unos Somos el Madrid y he venido a ganar títulos, no a pasar el tiempo. ¿Sois profesionales o qué sois?". Los jugadores guardaron silencio. El jefe manda. Lástima que no hubiera un romántico como yo para decirle a la cara lo que piensan millones de madridistas: "Fabio, usted me grita cuando ordene el fichaje de un jugador que lleve la pelota y dé sentido al juego. Usted grita cuando ordene al presidente y a Mijatovic que le traigan a Kaká y Cesc. Grite menos y haga que el Madrid juegue como los ángeles". Pásalo.
Calabazas. Y eso que el Madrid venía a Cádiz a mesa puesta. Entre turistas y gaditanos aquí todos querían ver las bicicletas de Robinho, los pases de Beckham y los goles de Van Nistelrooy. Pues ayer, en la final del desconsuelo ante el Villarreal, gente como los socios de la Peña Portuense o mi colega El Coyote de Cádiz se tuvieron que ir avergonzados a casa con sus blancas camisetas mientras un estadio entero mostraba su desamor al grito de "A Segunda, a Segunda". Crueles, ya lo sé, pero era el castigo del enamorado que sólo quería hacerles la ola a estos arrendadores de sueños que jamás entenderán lo que sufren sus estafados idolatradores. No hay derecho a que gente como Toñín el Torero y varias peñas manchegas se recorran medio mapa desde la pasada madrugada para ver cómo su equipo se paseaba (en el término literal de la palabra) ante el submarino amarillo para terminar el Trofeo de los Trofeos como en la devaluada Copa de Europa de baloncesto. El Real Madrid, al Final Four.
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'Cracks'.La palabra crack debería estar descodificada por los entrenadores, empeñados en huir de ella como los niños de la pescadilla hervida. Ayer contemplé las gradas del Carranza y vi cientos de aficionados con camisetas en cuyas espaldas estaban rotulados los nombres de Mágico Gonzaléz (¡me pongo de pie!), Zidane, Ronaldo y Riquelme. Capello debe entender que ellos son los artistas, los que logran que mi amigo Gabriel, el de Los Tarantos, o los de El Faro, El Manteca o El Balneario (en la plaza del Tío de la Tiza) organicen tertulias improvisadas donde la gente habla de fútbol, pero del bueno. Allí, entre mojama de atún y caballa a la plancha, se recuerdan los engaños de Butragueño en 1984, los caños de espaldas de Mágico o los controles sublimes de Zizou. Nadie habla de los 355 balones recuperados por Emerson... El Madrid de este Carranza no era el Madrid. Capello, piénsalo bien, por favor.
'Il due'.En su empeño por poner a Sergio Ramos de '2' y a la espera de que el club le traiga otro central (Gallas no pudo ser), Fabio Capello experimentó ayer de nuevo con Salgado como titular. Respeto la profesionalidad del zaguero gallego, pero me basta este SMS que me envió un sagaz peñista en el descanso del suplicio: "Míchel Salgado, game over". Pues eso. El ejército de Capello regresa a Madrid cautivo y desarmado. Estoy triste y dolido. Cádiz y su Carranza merecían más. Pero el Real Madrid siempre vuelve. Y lo hará a lo grande. Jugando al fútbol como exige su historia. Con grandeza.



