Amistoso | Real Madrid 0 - Fulham 0

Experimento con gaseosa

Insulso partido del Madrid. Se echó en falta a los fichajes y a los internacionales brasileños. Cassano, Juanfran y Jurado, los mejores. Raúl, gris

<b>EL ONCE. </b>Volvieron los internacionales españoles.
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No se pueden extraer conclusiones de los primeros partidos de la pretemporada (lo sabemos), más allá de cómo sienta el nuevo uniforme, al que cuesta acostumbrarse y cuando te acostumbras, lo cambian. Estos partidos, especialmente cuando se disputan en campos sin enjundia y sin fondos, con vacas a tiro de zurdazo, terminan, irremediablemente, por degenerar en amorfas pachangas en las que cuesta distinguir al último cambio de Jimmy Jump.

Ayer volvió a suceder. Y ni siquiera los primeros minutos, cuando todavía retumban en los oídos de los jugadores las instrucciones del entrenador, sirvieron para deducir gran cosa. Quedará, por lo menos, que Capello apostó por un 4-3-3 y por la base de un equipo que, más que perfilarse como titular, señala el camino de las galeras a la mayor parte del banquillo.

Y es que en el once que saltó ayer al prado faltaban Cannavaro, Emerson, Van Nistelrooy, Ronaldo, Robinho, Cicinho y Roberto Carlos (o recambio). Siete jugadores definitivos. Y añadan a esa lista algún que otro fichaje con sustancia. Sumados todos ellos a Casillas y Sergio Ramos, únicos fijos en cualquier plan de futuro, la incógnita es conocer qué terapia usará el entrenador con los ilustres suplentes.

Es decir, cualquier parecido del Madrid que viene con el que jugó contra el Fulham es pura coincidencia. Por eso conviene no afligirse con el empate a cero ni con el juego, demasiado parecido al que hemos visto mil veces. Si el Madrid jugó igual que siempre es, básicamente, porque jugaron los mismos. Y esa guitarra no hay Capello que la haga sonar como un piano.

Mientras duró vivo, Cassano fue de los futbolistas más interesantes del Madrid, tal vez porque sigue siendo de los menos vistos. Es evidente que está más delgado que hace unos meses, lo que dice mucho de su motivación y poco de la repostería austriaca. Se mueve con intención, se ofrece y se inclina hacia la banda izquierda para evitar las aglomeraciones. Su juego es todavía un redoble en el que falta un triple salto mortal o que meta la cabeza dentro de las fauces del león. Pero venimos de tanta miseria que el suspense reconforta. La pena es que una durísima entrada de Diop dejó fuera del juego al italiano, que tuvo que ser retirado en camilla, previo arduo levantamiento de los flojos chicos de la Cruz Roja.

La roca. Señalar que Papa Bouba Diop, ayer el jugador más insigne del Fulham, es un senegalés que parece cien, un tipo sin fin que roza los dos metros, uno de esos pivotes defensivos que tanto se cotizan ahora y cuya ocupación del campo no es sólo táctica, sino física: no hay quien no se tropiece con él. Visto el precio del metro cuadrado en el fútbol europeo, extraña que los grandes clubes no se lo rifen. Diop, de 28 años, no es un descubrimiento tardío: fue el autor del gol que derrotó a Francia en el partido inaugural del Mundial 2002.

Pero regresemos al encuentro. Juanfran sustituyó a Cassano y el cambio sirvió para aprovechar la banda derecha, esa desconocida. Bastaron un par de desbordes del canterano para reconocer la importancia de los especialistas y del sentido común. Entre los desafíos que afronta Capello está el aprovechamiento de los costas.

En esos minutos inciales de la primera mitad, el Madrid movió el balón con sentido y, a ratos, con cierta rapidez. En esos ejercicios el equipo se gusta y se siente superior a su adversario, pero el problema es que los toques no conducen a la portería contraria porque son besos en el espejo. El último problema es que en el espacio donde debería efectuarse el último pase se concentran pasadores y delanteros, rodeados todos de defensas enemigos. Se confirma que Baptista no se siente a gusto como delantero centro. Y eso que ayer dejó certificado de su presencia con un chutazo que repelió el larguero. En el caso de Raúl, creo que es la ansiedad por tocar el balón la que acaba por descolocarle. Sin ellos, el resto del equipo carece de referencia ofensiva. Pero esa tesis ya está escrita varias veces.

El Fulham no pasó de equipo aseadito, si bien es cierto que también echaba en falta a algunos de sus mejores futbolistas, los que han disputado el Mundial, como el portugués Boa Morte (tenebroso apellido) y el estadounidense McBride. Con todo, plantó cara y sólo la tierna inocencia de sus delanteros le alejó del gol.

En la segunda mitad comenzó el festival de cambios, esa rotación que nos despista hasta el punto de confundir a los chicos de la cantera con el actor protagonista de la próxima película del Real Madrid, mismo peinado y misma garra. Aunque los hay inconfundibles, como Jurado. Su forma de tocar el balón, de pararlo, de otear el horizonte, su estilo en general, nos da pistas sobre un buen futbolista casi inexplorado. Una arrancada suya desde el centro del campo, que sólo pudo ser frenada con un placaje, fue el intento más destacado de los madridistas por proponer algo distinto. Sólo eso, es oro.

Desánimo. Se vislumbró poco más. Gente como Portillo se siente demasiado frustrada como para pelear en busca de una oportunidad remota. Y eso les enreda y les hace torpes. De la Red necesitaría horas de confianza y quien la disfrutó un día, como Pavón o Mejía, la ha perdido ahora. Como casi toda la promoción se siente con las maletas hechas, reina el desencanto más absoluto.

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Caso aparte es el de Gravesen. Empezó siendo un tipo simpático, levemente entrañable, pero al mismo tiempo que hemos descubierto su inoperancia futbolística se ha convertido en un histrión insoportable, incluso para sus propios compañeros. Juanfran, por ejemplo, le mandó callar durante el partido, cansado de sus gritos. Está en permanente estado de sobreexcitación y en su caso no cabe duda de que produce testosterona de forma natural. Urge venderlo o donarlo a la ciencia.

Es increíble como el Madrid ha dado cobijo a futbolistas tan mediocres, a los que cuesta vender por la mitad del dinero que costaron. Esa es la asignatura pendiente que todavía tiene que aprobar el club.

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