¡A por ellos, oé!
La Selección de Luis se despidió de España con un notable alto. Raúl gritó 'gol' por fin, Reyes puso en pie al buen gusto y Elche se doctoró como una sede inmejorable que alentó a un equipo dispuesto a hacer historia en Alemania. Allá vamos...


Gracias, Luis. Esta semana aparqué mi camiseta blanca (lamparones de esta triste temporada incluidos) y me puse orgulloso La Roja. Fue a raíz de la grabación del memorable himno que acompañará a nuestra Selección en Alemania. Ver a ese Luis cantando eufórico el ¡A por ellos! como si fuese el jefe de la 'barra brava' de España, y contemplar a Raúl, Puyol, Villa, Cesc o Reyes dándose empujones alborozados como si fuesen chiquillos me hizo recuperar mi extraviado orgullo patrio. Ese vídeo es de primera, revela que hay unidad y compromiso, demuestra que estamos vivos y deja claro que Luis es aragonés, manchego, gallego, asturiano, catalán, vasco, valenciano, madrileño, andaluz... ¡ESPAÑOL, qué diablos! Así es como se llega a un Mundial. Arracimados en torno a un sueño: conquistar la Germania y dejar huella...
¡Elche, selección! Llevo años anhelando el ascenso del Elche a Primera porque el estadio Martínez Valero, construido para el Mundial de España 82, es una instalación magnífica y digna de comer siempre sobre manteles de seda. 31.000 gargantas hicieron la ola armonizados, cantaron el himno de la felicidad a coro y permitieron a nuestros chicos sentirse en un paraíso escénico. Aquí hubo en 1982 un apabullante Hungría 10 El Salvador, 1 (máxima goleada de la historia de los Mundiales) con las gradas medio vacías. Anoche, Elche y sus gentes se reconciliaron con la historia. Buen presagio a diez días del arranque en Leipzig con la Ucrania de ra-tá-tá Shevchenko.
Raúl, ¡por fin! Regresó al once el capitán, que tardó sólo trece minutos (¿quién dijo gafes?) en recuperar esos galones que a él solían otorgarle los goles y las estadísticas. Un gol de pillo, de ratonero, de ese Raúl de los viejos tiempos que era capaz de hacer una jugosa tortilla sin huevos ni patatas. Han pasado 218 días desde su último gol en Riazor. 43 goles con España. Un peso que se ha quitado de encima. Al Hadari, portero con chándal rancio al que sólo le faltó jugar con zapatillas de La Tórtola, nos echó un cable. Raúl, faraón de España.
La cara B. Luis ha grabado un disco con una cara B mucho más comercial que la A. Su apuesta por la cuadrilla del arte (Xabi Alonso, Xavi, Cesc y Reyes) desterró nuestros históricos complejos de equipo sin chicha ni limoná. Los jugones animaron la vida a esos 31.000 ilicitanos entregados a la causa. El golazo de Reyes (si mete esa falta en el Mundial le ponen una calle en Utrera) fue la culminación de esa propuesta alejada del patadón y tentetieso que Senna y Albelda ejercieron para acongoje de unos egipcios que no parecieron los reyes de África. 2-0 y a El Cairo.
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Hay portero. Casillas acabó de capitán tras el relevo de Raúl. Ese brazalete está predestinado a terminar durante muchos en ese brazo felino que sacó cerca del final un cabezazo con un vuelo al más puro estilo Arconada. Iker es el jugador más pintón y fiable de esta España juramentada para acabar con los malos rollos. ¡Crack!
Invencible. Luis ya lleva 21 partidos como seleccionador y nadie nos ha tumbado. Eso no es sólo estadística. Es una bendita realidad. El sabio de Hortaleza tiene fe, cree en el reto, se emociona con la Roja, canta los himnos (el del 'lo, lo, lo' y el del ¡a por ellos!) y cuenta a sus nietos que no regresará de Alemania hasta el 10 de julio. No seré yo el que le despierte de su sueño. ¡A por ellos, oé!



