Matrix
Matrix
No era verdad lo que ocurría. Tan sólo se trataba de una trama quizá con forma de avanzadísimo programa informático, al más puro estilo Matrix. La experiencia era falsa, las emociones fabricadas, la épica trucada con sangre oxigenada, asteroides y sobornos a la italiana. La gente se estaba comiendo un filete que, aunque inexistente, parecía tener muy buen sabor, tan bueno como el que se comió el traidor de la primera entrega de la saga dirigida por los hermanos Wachowsky. Una pena. Todo parecía tan real.
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El extraordinario Paul Breitner nunca ha sabido explicar con exactitud lo que sintió al conquistar el Mundial de 1974 con Alemania. El ex madridista sólo es capaz de describir aquella sensación como una especie de "inyección de energía positiva". Si. Energía Positiva. Eso es. La misma energía positiva que destilan las proezas de Rafael Nadal, Fernando Alonso o Dani Pedrosa. La misma que ha inundado Sevilla y Barcelona de felicidad tras las estupendas victorias continentales de sus equipos. Alegría sincera. Que no nos digan luego que nada de lo que vivimos existió de verdad.
En Italia hay aficionados que están demandando al Calcio por jugar con sus sentimientos, porque cuando compraban un partido y lo veían en casa con la familia o los amigos estaban convencidos de estar viviendo sensaciones verdaderas, que sufrían o celebraban expresando de forma espontánea sentimientos absolutamente sinceros. Y todo era una estafa. No permitan que ocurra nunca más. Menos Matrix deportivo y más energía positiva. Por favor.



