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La noche que puso en pie a Old Trafford

Ronaldo no olvida el hat-trick que firmó ante el Manchester

Ronaldo en Old Trafford.
Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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El 23 de abril de 2003 está grabado en la memoria de Ronaldo, que regresa a Inglaterra tres años después de aquella gesta. Esa noche conquistó el corazón de una afición apasionada y entendida, que se puso en pie para abrazar a su implacable verdugo. En Old Trafford se sigue hablando de ello. 68.000 tipos aplaudieron entregados al genio cuando en el minuto 62 de aquel Manchester-Madrid, Del Bosque ordenó el cambio de este brasileño matrimoniado con el gol desde que era un meninho y jugaba en la playa de Barra da Tijuca.

Los red devils ya tenían perdido el partido y la eliminatoria de cuartos (iban 2-3). Ronie les había metido tres goles como tres soles para desesperación de Barthez, el portero que cinco años antes le había birlado la gloria al artillero en la final del Mundial de Francia, horas después de que el crack sufriese un ataque de ansiedad que casi le cuesta la vida.

En el primer gol dejó en evidencia a Ferdinand, en el segundo a Silvestre y en el tercero a O'Shea. Olía a cartucho de dinamita encendido cada vez que Ronaldo recibía la pelota cerca del área inglesa. Beckham, alucinado con la exhibición, estaba hechizado en el banquillo junto a Alex Ferguson, que lo mismo le tiraba una bota a la ceja que le privaba de ser titular ante el equipo que ya tenía seducido a David.

No olvidaré el momento sublime de la velada. Solari, el jugador número 12 de Del Bosque, esperaba al héroe en la banda de Old Trafford. Ronie vio la tablilla y empezó su travesía triunfal. Ni un silbido, ni una palabra de ira. Aplausos firmes y ruidosos. Todos los fans del United estremecieron con su ovación el corazón de los 1.700 seguidores blancos presentes en la Tribuna.

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Ronaldo, que sólo había vivido algo similar en un Brescia-Inter, levantó orgulloso su mano derecha. Sabía que había consagrado su discutido estilo de juego. Ese día tampoco presionó, ni corrió para la galería. Pero apareció tres veces y metió tres puñales que colocaron al Madrid en la semifinales de la Champions, el único título que sigue vacío en la espectacular vitrina que tiene en su casa de La Moraleja.

Del Bosque, el único técnico que supo sacar todo el jugo de este depredador del gol, dio una lección en la sala de prensa de Old Trafford: "Sabíamos que era un partido para Ronaldo". Highbury, próxima estación. El 9 sueña con otra velada mágica. ¿Le dejarán? Pregunten a López Caro...

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