La 'camachada' gestada en el diluvio de Mallorca
Florentino dimitió sin tres de sus vicepresidentes


Florentino Pérez barruntaba tormenta, más allá de la climatológica. Dos horas antes del duelo de Son Moix llamó inquieto a su gente de confianza: "¿Es verdad que Raúl es titular y Ronaldo suplente?". Ahí estaba sembrada la semilla de su dimisión. Su incapacidad para evitar la inoportuna rajada de Ronie en las vísperas del Madrid-Arsenal y su bloqueo institucional al encajar las acusaciones públicas del capitán sin pestañear, le tenían amargado.
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El palo. Lo peor llegó bajo el diluvio de Son Moix. Perder no entraba en sus cálculos y menos constatar la frialdad del banquillo en el gol de Sergio Ramos y la comentada imagen de Helguera comiendo pipas con un cambio por hacer. El gol de Arango le dejó sin respuestas. Decidió regresar a Madrid en un vuelo privado, táctica ya utilizada en la eliminación de la Champions ante el Mónaco. El núcleo duro del vestuario le tenía hastiado y la guerra de vanidades entre Ronaldo y Raúl le hizo meditar la inesperada dimisión que ha dinamitado todos los estamentos del madridismo.
Aterrizó en Barajas a las 23:27 horas. Recibió una llamada de consuelo. Y un consejo: "Ficha a Capello. Sólo él puede resolver este desastre". No quiso polemizar. Resignado, contestó: "Puede ser. Yo no tengo más soluciones en la mano. Puede que Fabio arregle este desastre". Durmió muy poco. Apenas tres horas. No paró de darle vueltas. Madrugó y ya estaba decidido. Convocó de urgencia a su junta. Rumores disparados. ¿Echará a López Caro para poner a Benito Floro? ¿Multará a Ronaldo y a Raúl? Los directivos se fueron moscas a la Junta, pero nadie barruntaba la camachada del jefe. Y menos ante la ausencia de tres de sus vicepresidentes: Juan Abelló, Fernández Tapias y Luis del Rivero. A los vocales les leyó por escrito su adiós. Perplejidad. Y añadió: "Fernando Martín será mi sucesor". Se levantó y se fue. Cinco años y 137 días después...



