Cara y cruz
Puede que en los tres últimos años, en el terreno deportivo, el "modelo Florentino" haya envejecido al mismo tiempo que los pesos pesados de la plantilla, hecha a medida de las necesidades comerciales, basada en una filosofía muy arriesgada que anteponía ídolos y sueños a la realidad futbolística de nuestros tiempos, al fútbol físico y matemático de hoy, al estrategia y al equilibrio, a la excelencia táctica de la alta competición y, en ocasiones, al sentido común. La hinchada no tardó en detectarlo, por eso estuvo tan entregada cuando se traían los espíritus del pasado. Querían algo más visceral y tangible sobre el campo. Fútbol, en fin.
Puede que el marketing haya terminado por desplazar al juego y que los intereses económicos prevalecieran sobre el propio y fundamental equilibrio del equipo; en ocasiones el conjunto parecía un escaparate confeccionado tan sólo para captar la atención del comprador, para facturar, no para enfrentarse a otro conjunto de su mismo o más alto nivel. Y puede que el vaivén de entrenadores y directores técnicos no haya hecho más que empeorar las cosas, que liar la madeja un poco más. Frente al Mallorca, el banquillo lo formaban futbolistas internacionales que serían sin duda titulares en cualquier equipo del mundo, y en el campo, dos laterales en el corazón de la zaga.
Pero hay cuestiones, hechos, que no se le pueden negar a Florentino Pérez. Con el presidente de ACS había cierta tranquilidad social, la seguridad de un futuro construido sobre sólidos cimientos económicos (algo muy importante si se echa un ojo al panorama de muchos clubes en España). Y había transparencia, educación y diplomacia en el proceder, el club siempre en manos de los socios, modernidad, afán por hacer las cosas de la forma más profesional, a la altura de los tiempos. Un gran club. Una gran empresa.
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Y en lo económico, los resultados que deja Pérez son para enmarcar. Los ingresos por el estadio han pasado de los 41,8 millones de euros en la temporada 2000/2001, a los a 70,8 en la temporada 2004/2005. Los ingresos derivados del marketing han pasado de 39,1 millones en la 2000/2001 a los 136,4 millones de euros presupuestados para la presente temporada. Desde la temporada 2000/2001 hasta el final de la 2004/2005 los ingresos por esponsorización, imagen y publicidad se han multiplicado por seis y los ingresos correspondientes al desarrollo de productos y servicios y su distribución ha crecido en más de un 140%.
Una etapa difícil de olvidar, unas veces cara, y otras veces cruz.



