Primera | Real Madrid

"Presidente, fiche a Ibrahimovic y a Cesc"

350 peñistas de Mallorca, con Florentino

<b>EXPECTACIÓN. </b>Los peñistas de Baleares arroparon al máximo dirigente blanco.
Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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Florentino intentó levantar el alicaído ánimo del madridismo en Mallorca, isla que él mismo define como "mi segunda casa". El marco y la escenografía elegidos para el encuentro con la Federación de Peñas de Baleares ayudó lo suyo. Un árbol milenario recibió al mandatario en el restaurante Son Sunyer de Es Pilarí, alimentando un espíritu castigado pese al recuerdo emocionado de Juanito, presente en las bocas de todos durante la velada entera, y ese We are the Champions que evocaba tiempos mejores. Para aliviar las penas una pantalla gigante acompañó el discurso de Florentino. Roberto Carlos enviaba un globo al cielo de Glasgow que Zidane convertía en el gol de la Novena. Buenos recuerdos, pero como me comentaban los peñistas venidos a propósito desde Béjar (Almería), Arquillos (Jaén) y Niharra (Ávila), "ya queda lejos. El Madrid no puede estar más años sin ganar títulos".

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Un joven de la Peña de Alcudia se acercó a Florentino y le lanzó un mensaje directo: "Presi, fiche a Ibrahimovic y a Cesc". Josefa y María, las dos abuelas más madridistas de estas islas, asentían. Otro, curtido en aquel Madrid imperial de Di Stéfano, Puskas y Gento, le hacía una sugerencia-reproche: "Florentino, no permita que Ronaldo vuelva a hacernos esto".

El móvil de Florentino esperaba noticias desde La Romareda mientras los peñistas le profetizaban un triunfo en Son Moix, "porque la Liga no está perdida". Para aumentar la complicidad, Florentino cogió el micrófono y les dio dos mensajes: "Estamos en la época de mayor estabilidad del club en muchos años" y "el madridismo está unido". Sólo había bebido agua, lo que significa que sus palabras eran una petición de árnica que él mismo descubrió: "Si el Madrid conquista los corazones de todo el mundo no es sólo porque haya o no éxitos deportivos, sino porque dormimos con la conciencia tranquila sabedores de que ningún ruso o árabe nos comprará".

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