Nada que objetar

Otro año más las particularidades de la Copa Davis complican a España el sueño de cosechar su tercera ensaladera. Porque salvo milagro o hecatombe, que en esto del tenis no suelen hacer acto de presencia, España deberá volver a pelear por no descender en el mes de septiembre, tal y como hizo el año pasado frente a Italia. Mientras, Bielorrusia se medirá previsiblemente ante la actual campeona del 7 al 9 de abril.
Si los pronósticos de la lógica no fallan, la eliminación del equipo español se concretará mañana sábado, en la jornada del dobles, donde la suma de individualidades del tenis español Feliciano y Verdasco en principio- se medirán a los eufóricos Max Myrnyi y Vladimir Voltchkov, dos especialistas en ese tipo de pista y verdugos de Tommy Robredo y David Ferrer, respectivamente. El número uno del conjunto bielorruso es además un consumado especialista en la disciplina de parejas, en la que está clasificado en el puesto número tres del mundo por detrás de los norteamericanos gemelos Bob y Mike Bryan. Y Volchtkov ya ha demostrado estar a la altura de la competición a pesar de ser el número 301 de la lista de entradas de la ATP.
Nada ha sido casualidad en Minsk, decíamos. No hay nada que reprochar a los integrantes de La Armada, que saltaron a la pista del Football Manege dispuestos a mostrar todo el tenis que llevan dentro. Como tampoco es momento de extrañar a los ausentes las lesiones mandan y el resultado sería casi seguro el mismo-, ni de juzgar la labor de Emilio Sánchez Vicario, otrora gran doblista junto a su inseparable Casal, al frente del equipo español de Copa Davis.
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El tenis es un deporte muy complejo debido a las distintas superficies en las que se practica de forma profesional. Ninguna otra disciplina deportiva encierra tanta variedad en sí misma. Y en esa heterogeneidad, que da opciones a múltiples tipos de jugadores Roger Federer al margen-, reside gran parte de su encanto. España sigue y seguirá siendo después de esta eliminatoria una potencia mundial en el deporte de la raqueta -Bielorrusia no lo es-, una fábrica incansable de tenistas, cada vez más completos, que acaban de madurar entre el polvo rojizo de la tierra batida. La superficie que ofrece su lado más plástico, estratégico y completo, por cierto.
Aunque de nuevo toca esperar, la mejor hornada de tenistas españoles acabará levantando la tercera Ensaladera de Plata si la combinatoria de la competición no lo impide. Es sólo cuestión de tiempo.



