Primera | Real Madrid 1 - Racing 2

El Madrid entra en caída libre

Gran victoria del Racing, que dio una lección en la primera mitad. El acoso del Madrid en la segunda no fue suficiente para culminar la remontada

<b>MELO SE ESTRENÓ</b> El brasileño Felipe Melo (22 años) se estrenó como goleador en la Liga española. Este jugador explotó en el Cruzeiro, entrenado entonces por Luxemburgo. Tras pasar por el Gremio, militó en el Mallorca antes de fichar por el Racing. Ayer fue el jugador con más peligro de su equipo.
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Hasta ayer, la crisis no impedía al Madrid ganar un buen número de partidos al año, o eso creíamos, alternando esperanzas y desilusiones, pero conservando sin excesivos problemas el segundo puesto del campeonato, más o menos como en la pasada temporada. Ese era el alcance de la enfermedad: crónico, pero no grave. Sin embargo, la derrota ante el Racing nos descubre un nuevo problema que se añade a las conocidas carencias deportivas: el psicológico. Y eso sí es grave. Porque la crisis del Madrid, tal y como la diagnosticábamos, no incluía una derrota en el Bernabéu ante un Racing diezmado. No está tan mal el equipo, o no lo estaba hasta ayer. Sólo el derrumbe anímico justifica ese tropiezo y nos advierte de una amenaza que hace peligrar todo: el buen número de partidos ganados, el segundo puesto y, si me apuran, hasta la Champions.

Y no se ha llegado a este estado de desconcierto por la acumulación de derrotas, que suele ser un camino directo. De hecho, el Madrid no perdía en Liga desde que lo hizo frente al Barcelona, el 19 de noviembre. No. La confianza se ha perdido progresivamente y a ello ha contribuido el ambiente de inestabilidad (o debería decir, "provisionalidad") que se vive en el club, donde ninguna decisión parece firme y donde no hay más jefe claramente identificable que el presidente de la entidad.

Y sin jefes intermedios, nos encontramos ante una situación de caos en la que hay futbolistas que convocan conferencias de prensa para desmentir peleas desconocidas y denunciar la persecución de enemigos invisibles, mientras otros reprochan al público sus silbidos en lugar de agachar la cabeza y prometer más trabajo.

Mi duda es cómo será capaz López Caro de afrontar este nuevo panorama, que de repente ya no requiere tanto de un entrenador serio (que nunca sobra), como de un buen psicólogo, alguien con el poder de convicción suficiente para recuperar anímicamente a una plantilla abatida. Luxemburgo, que era un buen motivador y un entrenador difuso, se agotó cuando resultó imposible seguir viviendo de las promesas. No sé si al nuevo técnico le podría ocurrir justo lo contrario: que le sobren las ideas y le falten las palabras.

Pero no todo es crujir y rechinar de dientes. Cada derrota del Madrid nos descubre un héroe, que suele ser quien disparó el revólver. Esta vez es el Racing, un equipo con muchísimo mérito porque se presentó en el Bernabéu con once canteranos en la convocatoria y se sobrepuso a las bajas de forma admirable, hasta el punto de dominar el juego durante bastantes minutos de la primera parte. Y aunque el Madrid no sale precisamente como un miura de los chiqueros, más bien como un cabestro, no es fácil dominar ese timón.

Extraño comienzo. El partido comenzó muy frío, con el estadio medio vacío, dicen que por los atascos y el asunto no se puede refutar porque la ciudad es una gynkana. En ese ambiente, el choque tenía más rango de partido homenaje a las castañeras que de encuentro oficial. El público, en los primeros momentos, estaba más expectante que guerrillero, igual que el Racing.

Había pasado poco tiempo, cuando las cámaras de televisión descubrían las anotaciones de López Caro en su libreta: "Velocidad y movilidad". Magnífico eslogan para las próximas elecciones municipales, pero obviedad mayúscula en lo que se refiere al Madrid. Tampoco entiendo muy bien la necesidad de apuntar asuntos que se repetirán en las pesadillas nocturnas y en los vídeos que vendrán.

Recién superado el primer cuarto de hora, el Madrid disparaba por primera vez a puerta y la ocasión era clara y doble: cabezazo de Robinho a bocajarro que repele Aouate y posterior remate de Sergio Ramos que vuelve a despejar el israelí con un milagroso braceo. El olor, en ese punto, era de goleada local. Lo que confirma nuestra incapacidad para ganarnos la vida como catadores de vinos.

Cinco minutos después, Pavón vio una cartulina por una entrada que el árbitro localizó a un par de metros del vértice derecho del área grande de Casillas. Ayoze se plantó frente a la pelota, corrió hacia ella con rabia y pegó un zurdazo imponente que se coló por la escuadra de Iker. Lo más asombroso es que golpeó con el interior del pie, a colocar. No fue una patada de mula, vamos. Y tampoco fue una acción aislada. A esas alturas, el Racing ya se defendía con orden y avanzaba metros tocando el balón con mucho criterio, sin faltas, sin pegar, con inteligencia.

El público no había tenido tiempo de cerrar la boca cuando el brasileño Melo, sin duda el jugador con más talento del equipo, ponía a prueba a Casillas. El mismo protagonista no fallaría poco después. Antoñito condujo con maestría un contragolpe, esperó una ayuda y entregó uno de esos balones que iluminan el camino de la portería. Melo marcó. Así acabó la primera mitad.

Medidas. López Caro intentó reactivar al equipo sustituyendo a Robinho y Helguera (tocado) por Soldado y Balboa, que apenas 24 horas antes había jugado 90 minutos con el Castilla. Y le dio ciertos resultados, porque cualquier futbolista capaz de aprovechar la banda hasta la misma línea de fondo ofrece al equipo alternativas habitualmente inexploradas. Eso consiguió Balboa.

El Madrid se fue hacia arriba y la posibilidad de la remontada estuvo muy presente, porque el Racing, romántico hasta el suicidio, no se protegía de forma adecuada, o tal vez no sabía hacerlo. Con todo, una contra de Serrano pudo fulminar al Madrid si no hubiera sido por el providencial Casillas.

Ronaldo acortó distancias gracias a un error de los centrales del Racing, que despejaron hacia atrás y le dejaron el balón para que cabeceara a placer. Todavía faltaban 20 minutos. Más que suficiente... si se acierta. Pero tanto Ronaldo como Soldado se empeñaban en pifiar ocasiones que daban la impresión de ser mortales, pero que no mataban a nadie.

El Racing, encogido, parecía mucho peor equipo del que se había desplegado en la primera mitad. Roberto Carlos suministraba balones desde la banda izquierda y cada uno era un susto para los visitantes. Pero el Madrid no culminó el asedio y el Racing sí completó su hazaña.

No hubo grandes pitos porque el público también está al borde del desánimo, que es el paso siguiente a la ira. Tampoco se escucharon bien los silbidos porque las Mocitas madrileñas cantaron más alto que nunca.

Así despide el año el Madrid, con el objetivo de evitar el desplome, que será una forma de salir ganando y reconstruir sin tirar el edificio abajo. Vendrán bien las vacaciones, tiempo de por medio. No hay nada que florezca tan rápido como la ilusión.

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