Florentino no encuentra una 'mano derecha'
Desde el año 2000, Valdano, Butragueño, Sacchi y Ramón Martínez se han repartido la responsabilidad de la dirección del fútbol madridista. Pero su influencia en los fichajes y en la política deportiva ha sido escasa. El presidente no tiene ayuda, pero tampoco se deja ayudar

Ni Valdano ni Butragueño ni Sacchi. Tampoco Ramón Martínez. Aunque todos ellos han ocupado u ocupan puestos de alta responsabilidad, Florentino Pérez no ha encontrado todavía el asesor en quien se sienta confiado para delegar la dirección deportiva del club. Y eso explica muchos de los problemas que sufre el Madrid, que carece de planificación futbolística.
Cuando accedió a la presidencia, Florentino fichó a Figo, Flavio y Makelele. Después de ese golpe de efecto, contrató a Valdano, llamado a ser su consejero deportivo y quien recomendó a Ramón Martínez como secretario técnico.
Sin embargo, la política de Zidanes y Pavones (de una bonita frase se hizo una filosofía) y la decisión del presidente de fichar a un galáctico de su elección cada año dejó a Valdano sin otra competencia que ejercer de elegante portavoz. Destino parecido ha acabado teniendo Butragueño.
Después de las incorporaciones de Figo, Zidane y Ronaldo se planteó un problema. El único galáctico que había en el mercado, Beckham, lo era más por su influencia mediática que por su excelencia futbolística. Su fichaje, en detrimento de Ronaldinho, con el que también se negociaba, significó un cambio de tendencia y satisfizo más al departamento de marketing de lo que reforzó la plantilla. Decidido el relevo de Del Bosque por el presidente, Valdano influyó por vez primera en un fichaje: Queiroz.
En el verano de 2004 se acumulaban los problemas: no había disponibles ni galácticos ni mediáticos, Queiroz había fracasado y el equipo ya daba muestras de estar agotado. En víspera de las elecciones, Florentino, que poco antes ignoró a Etoo, cedió a las opiniones de su entorno: apostó por Camacho (favorito de los socios), incorporó a Samuel (central preferido de Valdano) y al inesperado Woodgate, cuyo nombre aparecía en una lista de Ramón Martínez. Sólo se dio un capricho: Owen.
El resultado no pudo ser peor: Camacho huyó, Samuel no encajó, Woodgate se lesionó y Owen no tuvo sitio. En plena crisis, Florentino fichó a Pablo García (recomendado años antes por Butrague nadie le hizo ni caso) y, en un vano intento de recuperar el aroma del gran Milán, trajo a Sacchi, un mito casi jubilado que propuso a Luxa y a Gravesen.
Sin fe.
Lo cierto es que a estas alturas el presidente, ingeniero crecido en el ámbito de la empresa, ya no creía en nadie, renegaba de este mundo de sabios sin carrera y achacaba el mal momento de sus cracks a un simple problema físico, no se les puede haber olvidado jugar al fútbol.
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Robinho, Baptista y Sergio Ramos han sido sus últimas apuestas, aunque el desorbitado precio que se pagó por ellos demuestra que faltan agentes amigos y ojeadores capaces.
Así se ha llegado a la situación actual. El presidente necesita una mano derecha y no la encuentra. Si Laporta tuvo la fortuna de contar con Sandro Rosell, artífice de los fichajes de Ronaldinho y Deco, Florentino ni ha tenido esa ayuda ni se ha dejado ayudar. Rosell, que publicará pronto el libro Cuando ganan los malos, acabó mal con Laporta. Es buen amigo de Florentino. Pero no quiero dar ideas. Está tan perdido el Madrid que da la impresión de aceptar cualquier idea, incluso la peor.



