A Ecuador se le aguó la fiesta
Una Polonia muy superior y un campo impracticable por la lluvia limitaron el juego de toque ecuatoriano.


De haber sido un partido oficial no se habría jugado. A la lluvia de los últimos días se le sumó la tromba de agua que cayó sobre el césped del Mini Estadi instantes antes de que caminara el cronómetro. El resultado: un campo impracticable en el que el balón ni rodaba ni botaba. Pero el fútbol era un aspecto secundario en días como el de ayer. Lo importante era ver cómo siete mil personas (una pequeña parte de la población ecuatoriana que reside en Barcelona) se sintieran, durante noventa minutos, de vuelta en su país, animando a su selección como si Barcelona fuese de repente Quito.
"En nuestra patria la gente es feliz gracias al fútbol y a los artistas. Desde que nos clasificamos para el Mundial de 2002 todos se han enganchado al equipo. Es la única vía de escape que tenemos, en un país que sigue con las mismas carencias políticas y sociales de siempre", asegura un periodista ecuatoriano que ha viajado desde Sudamérica para retransmitir en directo el encuentro.
Sin tiempo para respirar, el estadio se silenció con el primer gol polaco. En el minuto 2, Klos remató una jugada ensayada de córner y adelantó a Polonia. Ecuador ya mostró una de sus carencias: atrás es un equipo blando y despistado, aspecto que te condena si el rival en ataque tiene a jugadores de calidad, como Smoralek; o de gran velocidad, como Frankowski.
Siguen los ánimos.
A partir de ahí Ecuador reaccionó, sobre todo, gracias a los ánimos de la grada. Pero no se le pueden pedir peras al olmo. Con más pasión que lógica, y viendo que era imposible circular el balón, los ecuatorianos optaron por el juego directo. Pero Polonia, un equipo sin muchos alardes, por arriba es inalcanzable. Explotaron el contraataque y arruinaron la fiesta. Primero, Smoralek, de un soberbio taconazo y, luego, Mila, remachando un balón suelto. Incluso se permitieron el lujo de marrar un penalti. Ecuador no disparó con peligro una vez entre los tres palos, pero eso no fue significativo. Al final, los ecuatorianos recordaron más la experiencia que las jugadas del partido. Normal. El fútbol fue la mejor excusa para revivir el pasado.
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Cánticos y la ola durante el partido
La lluvia frenó el fútbol, pero no los ánimos de las aficiones. Durante el encuentro, la afición ecuatoriana, que llenó el campo de banderas y de camisetas amarillas, coreó el himno de su país y no se cansó de animar y de hacer la ola. La afición polaca, minoritaria, tampoco se quedó corta y coreó los goles de su equipo. No hubo altercados. Un ejemplo de deportividad.



