Edilson Pereira falsificó su certificado escolar
Es obligatorio para poder dirigir partidos en el Brasileirao.


Brasil está invadida por la corrupción. Después de que se descubriera de que el Gobierno de izquierdas de Lula, que llegó al poder bajo la promesa de erradicar el hambre, está incurriendo en malversación de fondos, hecho que tiene paralizado al país, ahora le ha tocado el turno al mundo del fútbol. El culpable de la situación tiene nombre y apellidos. Un árbitro corrupto: Edilson Pereira de Carvalho, de 47 años, padre de una hija de ocho y casado desde hace diez.
La Policía Federal descubrió, tras realizar una serie de escuchas telefónicas, que el trencilla estaba vinculado con una casa ilegal de apuestas dirigida por el empresario Nagib Fayad que se dedicaba al amaño de partidos.
Suspendido.
El caso es más grave si se tiene en cuenta que en 2002 el colegiado fue suspendido como árbitro al conocer la CBF que no tenía el título de escolaridad de segundo grado, requisito imprescindible para ejercer esa profesión. Edilson estuvo inhabilitado ocho meses y después compró y falsificó el título, siendo readmitido de manera incorrecta.
Además, investigaciones posteriores sobre el colegiado han arrojado datos espeluznantes: que padece una ludopatía por el bingo que le ha hecho firmar 200 cheques en un local de su ciudad natal y que en sus inicios comenzó a dirigir partidos por dinero en torneos de empresas en Brasilia.
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"Ganará el Brasiliense cueste lo que cueste"
La falta de escrúpulos de Edilson Pereira ha quedado de manifiesto en el extracto de una grabacíon del telefóno particular del trencilla que fue hecho público por la Justicia. En la conversación, el colegiado dice a su interlocutor, de cara a un Figueirense-Brasiliense: "Va a ganar el Brasiliense cueste lo que cueste. Puede apostar su casa y el coche si quiere. Estoy seguro de que va a ser así, aunque me tenga que sacar del campo la Policía". El negocio era sencillo. Edilson recibía dinero por hacer que ganara sobre el campo el favorito en las apuestas. El pago a sus servicios se realizaba en el Shopping Center Norte de Sao Paulo y se sospecha que pudo haber amañado once partidos del Brasileirao, 22 del Paulistao y uno de la Libertadores.



