Liga de campeones | Real Madrid 2 - Olympiacos 1

Soldado salva la Champions

Un gol del canterano rescata al Madrid, magnífico en la primera parte y gris durante la segunda. Robinho pasó inadvertido. Rivaldo, también

<b>VIBRÓ EL BERNABÉU</b>. Los aficionados que acudieron al Santiago Bernabéu vivieron un emocionante partido. En la imagen, los madridistas hacen una piña en torno a Raúl después de que el capitán lograra el tanto que abría el marcador. El segundo gol no llegó hasta el minuto 86.
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La grandeza del Real Madrid exige que los meritorios cacen sus pocas oportunidades al vuelo y eso es exactamente lo que hizo ayer Roberto Soldado (20 años), un delantero con las hechuras clásicas de los nueves madridistas criados en la casa, todos ellos declinaciones de Santillana, piernas fuertes para el salto y cabezazo contundente, estética irreprochable hasta en el corte de pelo y cualquiera que haya frecuentado el Santiago Bernabéu sabe cuánto se cotizan los futbolistas con la raya a un lado y las patillas recortadas, por eso adoptamos a Owen.

Cuando Luxemburgo incorporó al muchacho algunos pensaron que le echaba a los leones y otros intuyeron que le ofrecía la oportunidad de su vida, partido empatado, la Champions en el alero y media temporada también. El chico fue de esta segunda opinión y asumió el desafío con valentía, eso se descubre en el modo de saltar al campo, hay trotes que significan conquistas y otros huidas.

Ahora es fácil decirlo, pero estoy por asegurar que su presencia se notó casi al instante. Hace mucho tiempo que el Madrid no juega con un ariete cabeceador. Ronaldo, excelente en cualquier otra asignatura, flojea en el remate por alto. Raúl, que lo tiene todo y eso también, no es un verdadero especialista. Tampoco lo es Baptista. Y esa carencia lastra al Madrid por muchos motivos que se concretan en dos: porque en muchas ocasiones, como ayer, hay que recurrir al bombeo de balones del área y porque no hay equipo en el mundo que tenga a un futbolista que ponga mejor los balones que Beckham.

Si la actuación de Soldado fue providencial, la del inglés rozó lo sublime. El gol de Raúl, por ejemplo, no fue más que el desenlace lógico de uno de sus pases. La pelota que envió, entre los defensas y el portero, era una bomba que se activaba con una frente y el capitán puso la suya. Desde entonces y hasta la asistencia final, Beckham se infló a meter buenos centros, todos con destinatario, ni uno al tun-tun. Por eso acertó el entrenador cuando comprendió que esa exhibición necesitaba de un nueve a la antigua usanza, piernas fuertes para el salto y cabezazo contundente. Y por eso sustituyó a Baptista.

Soldado se ganó el cielo con un doble testarazo, porque el primer remate lo despejó Nikopolidis, guardameta del Olympiacos y de la selección griega, buen portero, por cierto. Con ese gol, el Madrid salvaba el partido, la Champions y, tal vez, media temporada.

Méritos. Y hubiera sido injusto que perdiera todo eso, porque si su segunda parte fue tan mediocre como la de su rival, la primera mitad del Madrid fue, al menos durante media hora, magnífica. Por primera vez en lo que va de temporada, el equipo funcionó y emocionó. Y lo más asombroso es que lo hizo sin la aportación de Robinho, timorato e impreciso, alejadísimo del futbolista que maravilló contra el Cádiz y del líder que jaleó a la afición frente al Celta.

Además de por su entusiasmo (la Copa de Europa es un título que se defiende eternamente), el Madrid se veía favorecido por su disposición en el campo, más coherente, más abierta. Se confirmaba, por si alguien tenía dudas, que Baptista debe jugar más arriba y, aunque ayer no fue su día, dejó rastros de pólvora allá por donde se movió. Será una buena pareja de Ronaldo.

Si Robinho se desvaneció por pacato, Pablo García se elevó al perder timidez y añadió algunos movimientos brillantes a su conocido orden, nos envainaremos con gusto esta espada. Guti, por contra, pasó extrañamente inadvertido. Raúl peleó como suele.

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El Olympiacos, que salió acomplejadísimo, fue desbordado por completo. Apenas se vio a Rivaldo, que conserva la inteligencia, pero ha perdido el físico y está medio combado. Los griegos, con una línea defensiva muy adelantada y un avance generoso, mostraban arrojo, pero poco más. Entre esas miserias se les coló un cañonazo del número 1, Kafes.

En la segunda parte, el Madrid fue lo que ya hemos visto y no nos gusta, un equipo incapaz de cambiar el ritmo, de pisar el acelerador. Pero hay buenas noticias: se atisba buen fútbol y se ha descubierto un ariete, Soldado.

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