Primera | Atlético de Madrid

El Atlético tiene el once más joven de toda la Liga

Su media es de 25 años y a veces le falta oficio

<b>FOTO DE FAMILIA. </b>El Atlético se hizo ayer la foto oficial. Fila superior, de izquierda a derecha: Ramón Llarandi (utillero), Valera, Colsa, Pablo, Galán, Leo Franco, Cuéllar, Arizmendi, Zahínos y Antonio Llarandi (utillero). Segunda fila: Pitillas (recuperador), Braulio, Pablo Sicilia, Luccin, Gabi, Petrov, Kezman, Perea, Velasco y Velo (enfermero). Tercera fila: doctor Villalón, Bastón (preparador porteros), Mendiondo (tercer entrenador), Veglio (segundo entrenador), Cerezo, Bianchi, Santella (preparador físico), doctor Beaus y Bustamante (delegado). Cuarta: Peña (fisioterapeuta), Molinero, Galletti, Antonio López, Torres, García Calvo. Maxi, Ibagaza, Del Moral y Abnajeri (fisioterapeuta).
Jorge García Hernández
Redactor jefe de fútbol
Jorge García Hernández (Palma de Mallorca, 1978) es redactor jefe de Fútbol. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, es canterano del Diario As, donde entró en 2001. Fútbol base y Cierre como antesala a 15 temporadas siguiendo al Atlético de Madrid. Después, AS.com y Fútbol internacional.
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Las palabras de Toni encuentran un refrendo incontestable en las cifras. El director deportivo cree que al equipo rojiblanco le falta algo de picardía a la hora de afrontar los momentos decisivos y quizá eso sea porque tiene el equipo más joven de Primera. El once titular de los rojiblancos tiene 25 años justos de media, una juventud prometedora, pero que en algunos momentos juega malas pasadas.

Al equipo le cuesta dormir el partido cuando se ve por delante en el marcador, como se vio claramente en Anoeta. En lugar de dejar pasar el tiempo enfriando el juego, dio pie al rival para creer en la remontada y acabó volteado. El mismo Bianchi sentenció días después que un partido "con 0-2 tiene que estar liquidado", enviando un mensaje directo a sus jugadores.

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Agresividad.

En algunos momentos falta oficio para frenar al contrario en situaciones de apuro. No se trata de establecer una apología de la patada dentro del vestuario, pero desde dentro se le pide al equipo algo más de agresividad, sobre todo en los últimos minutos. En Riazor, el gol vino precedido de una falta, pero el Atlético se dejó cercar en su área sólo con balones colgados. La realidad es que los rojiblancos se dejaron un punto en el tiempo añadido en A Coruña y otros tres en Anoeta también en la prolongación. Picardía, oficio, experiencia... Llámenlo como quieran.

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