"Me atrae la pasión con la que se vive el Atlético"
El Atlético buscaba centrocampista con llegada y sus 15 goles con el Espanyol fueron el mejor reclamo. A Maxi, o la Fiera como exclusivamente se le conoce en Argentina, se le iluminan los ojos cuando habla de sus inicios en Newell's. Ahora sólo piensa en triunfar en el Manzanares.


El sábado no se le vio muy cómodo en Riazor. Usted no encontraba el sitio y al final el equipo no pudo llevarse un punto.
Fue una lástima. Me encontré un poco incómodo para encontrar el balón. Cada vez que intentaba entrar en juego sus dos pivotes se me echaban encima.
Usted no es un jugador específico de banda y a pesar de eso está jugando en la derecha. ¿Qué le pide Bianchi?
El entrenador quiere que yo tenga presencia en el área partiendo desde la derecha. Que busque diagonales y que acompañe a Torres y a Kezman.
Simeone decía que cualquier equipo que quiera ser campeón debe tener al menos a un argentino en sus filas. ¿A qué se refería el Cholo?
Al temperamento. Un equipo siempre necesita un poco de esa agresividad argentina para combinarla con la calidad.
Esa agresividad es una de sus señas de identidad en el campo.
En el campo se te cruzan los cables. Soy temperamental, pero eso hay que saberlo llevar al campo porque no se puede dejar al equipo con diez, hay que tener mesura.
¿Por eso que le llaman la Fiera?
Claro. Aquello empezó cuando tenía siete años y jugaba en las inferiores de Newell's Old Boys en mi Rosario natal. El entrenador me puso ese apodo y ha permanecido. En Argentina me conocen por la Fiera, no por Maxi.
¿Con sólo siete años ya prefirió ser un leproso de Newell's antes que un canalla de Central?
Sí, eso es más bien alergia que uno le tiene a eso (evita mencionar el nombre de Central). El tema de los colores azul y amarillo no me va nada, siempre el rojo y negro. Cuando tenía siete años iba al campo y me ponía con la hinchada detrás de la portería, cantando todo el partido con las banderas. Era y soy muy fanático.
¿Cómo fueron tus primeros pasos en Rosario?
Era una escuela diaria. Lo más importante en esos años es aprender a convivir. Empiezas a viajar y a ver lo que es el fútbol. Te diviertes. Luego pasas al profesionalismo y comienzas a jugar por muchas más cosas, pero nunca puedes perder la alegría y disfrutar dentro de un campo de juego.
Usted destacó pronto y en 2001 ganó el Mundial Sub-20 junto a los Saviola, Coloccini, D'Alessandro...
Era un grupo muy joven cuya fuerza era la humildad. Es curioso porque la mayoría de la gente que componía el grupo jugaba en Primera, pero no subestimamos a nadie. Además, había muchas ganas de conseguir títulos que llevar a un país que no lo estaba pasándolo bien.
En Argentina se da a esos torneos inferiores una dimensión enorme desde que en el Mundial juvenil de 1979 apareciera un tal Maradona.
En Argentina se sigue mucho porque es el semillero del fútbol. A nosotros se nos da bien, en los cinco últimos años la Sub-20 salió campeona.
¿Cómo vivió después el salto a Europa?
Con 21 años recién cumplidos uno no es aún lo suficientemente maduro y te ves obligado a hacerlo de golpe. El Espanyol me dio la oportunidad y siempre le estaré agradecido. Al principio chocaba el momento de salir del entrenamiento y no poder estar con tus amigos para ir a comer un asado o a tomar una gaseosa.
¿Durante la Copa de las Confederaciones hablaban usted y Galletti con Leo Franco sobre la posibilidad de encontrarse en el Atlético?
Leo nos contaba cosas, pero yo ya lo conocía. No dudé nunca en venir. La forma de vivir el fútbol en el Atlético es la más parecida a la de un club de mi país, esa pasión me atrae. La gente cantando todo el partido, la popularidad que tiene... Cuando salto al campo intento devolver todo eso a la gente. Ése es mi objetivo aquí.
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