Paul del Río (El secuestrador)

"Di Stéfano lo comprendió todo bien y no tuvo miedo"

Este venezolano nació en La Habana, pero es hijo "de españoles republicanos y anarquistas" que huyeron de la España franquista. Lleva la revolución en la sangre. Luchó con el Frente Sandinista en Nicaragua y fue parte activa de los movimientos guerrilleros de izquierda de la década de los 60. Ahora se gana la vida como pintor y escultor. Cuando secuestró a Di Stéfano sólo tenía 19 años...

<b>42 AÑOS DESPUÉS.</b> El secuestrador y su cautivo, el gran Di Stéfano, se verán tras cuatro décadas desde el fatal encuentro.
Marco Ruiz
Redactor Jefe Real Madrid
Nació en Granada en 1977. Licenciado por la Universidad Europea, entró en AS en 1999, por tanto, es canterano y ‘one club man’. Tras hacer la información del Atlético dos años pasó a formar parte de la sección del Real Madrid, de la que ahora es su Redactor Jefe. Cubrió la Eurocopa de 2008, tres Mundiales de Clubes y una final de Champions.
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Siendo usted pintor se le supone una sensibilidad importante. ¿No cree que es una contradicción el que sea autor de un secuestro?

Yo tuve una actividad importante como luchador social de aquella época en Venezuela. Fui un combatiente armado, un guerrillero, pero para serlo hay que tener una gran sensibilidad y un desapego total de lo material. Tuve que abandonar la familia, sufrir incomodidades, correr multitud de riesgos. La dictadura era despiadada.

¿Cuál era la situación?

Nosotros pertenecíamos a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, un grupo que estaba compuesto por militantes del Partido Comunista de Venezuela y del Movimiento de Izquierda Revolucionario, del que yo formaba parte. A estos dos se unió, bajo un solo mando, la Fuerza Armada de Liberación Nacional. Y bajo esa bandera secuestramos a Di Stéfano.

¿Se pidió dinero por el rescate?

No, no... No hubo exigencia ni condición. Le secuestramos basándonos en su fama. Eso nos ayudaba a obtener nuestros fines, su prestigio y la fama del Madrid. El equipo fue a jugar un partido amistoso y nosotros, lamentablemente, le sacamos tarjeta roja a las seis de la mañana. Y no pudo jugar.

¿Cómo le secuestraron?

Militarmente hablando fue una operación bastante sencilla. Fuimos a buscarlo a la habitación del hotel Potomac y lo sacamos.

Estaría durmiendo. ¿Cómo describiría la fotografía que se encontró?

Compartía habitación con Santamaría. Ellos estaban preocupados, con incertidumbre, porque se presentaron de repente dos policías.

¿Se hicieron pasar por policías?

De la Judicial. Subimos y le dijimos que había una investigación sobre tráfico de drogas y que nos constaba que el señor Di Stéfano estaba involucrado. Le pedimos que nos acompañara unos minutos, que era sólo un trámite burocrático.

¿Y qué dijo Di Stéfano?

No le quedó más remedio que acompañarnos, porque estábamos armados. Luego, ya en el coche, le explicamos quiénes éramos y de qué se trataba. La idea era retenerlo dos o tres días y soltarlo, para formar un escándalo internacional. Propaganda para que la opinión pública mundial supiera las actuaciones de la dictadura que la prensa estaba ocultando.

Y Di Stéfano ni pió..

Se tranquilizó porque le garantizamos que no habría violencia y que estábamos dispuestos a entregarnos antes de poner en riesgo su vida si teníamos un encuentro con la Policía Política. Me contó que Fangio había sido secuestrado en La Habana cinco años atrás y que a él le habían tratado muy bien... Se dio cuenta de que era la misma situación. Lamentablemente coincidió que en esos días su hijo Alfredito cumplió años. ¡Lo celebró con nosotros!

¿Les inspiró el secuestro de Fangio para idear el de Di Stéfano?

Por supuesto. Teníamos conocimiento de ese hecho y montamos el operativo de una manera similar. Ellos eran amigos y los dos estaban en el pináculo de su carrera.

¿Dónde lo llevaron? ¿Le ataron?

Estuvimos en un apartamento con todas las comodidades. Le preguntábamos qué quería comer por si había que ir a buscar algo, jugábamos al dominó, al ajedrez...

¿De qué hablaban?

Él trataba de matar el tiempo escuchando, y nosotros le explicamos bien la causa del secuestro. Él la entendió y no tuvo miedo. Fue nuestro huésped y yo hoy, 42 años después, soy huésped suyo y del Madrid.

¿Ha hablado con Di Stéfano desde el secuestro?

Nos hemos mandado saludos a través de un amigo común, un comentarista de la televisión argentina. No quiero revelar su nombre. Pero durante el secuestro Di Stéfano fue amable y simpático.

¿Síndrome de Estocolmo?

Para eso tienen que pasar más días. Es sólo que hubo química. No se estableció un vínculo de amistad, pero sí de respeto hacia una generación que luchaba por la sociedad.

¿Cómo fue la liberación?

Lo dejamos a escasos cien metros de la embajada de España. Le aconsejamos que se metiera, por su seguridad, por si la Policía Política quería interrogarlo o molestarlo. Los policías de aquella época eran muy represivos. A centenares de nuestros compañeros los asesinaron tirándolos desde los aviones.

¿Sigue hablando con sus tres compañeros secuestradores?

Uno de ellos es ahora un alto funcionario del gobierno revolucionario de Hugo Chávez. Yo también he estado vinculado a la política de este gobierno instaurado por los votos, y no por las balas, que está consiguiendo defenderse de las constantes y lamentables agresiones de los Estados Unidos.

¿Y sólo le involucraron a usted?

Ellos se dieron cuenta de quién era yo dos meses después porque mi organización me dio orden de difundir fotos para dar la cara. Sólo me capturaron a los 10 años. Fui preso tres, pero el delito había prescrito y me tuvieron que soltar.

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¿Qué pasará hoy, cuando vea a Di Stéfano?

Nos daremos un abrazo. Hay un lado humano en esta historia. La guerra es así de dura, pero es humana dependiendo del talante de los que batallan.

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