Supercopa | Barcelona 1 - Betis 2

El Barça ya no se pavonea

El Betis bajó los humos a los azulgrana Dani fue la figura del partido Ronaldinho se perdió en florituras Melli le regaló el tanto a Etoo.

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El arma que usa el Barcelona para matar no es el cañón, sino el florete, y por ese motivo se le levantan algunos muertos. Ocurrió con el Madrid en el último tramo de la pasada temporada y sucedió ayer con el Betis, que acudía al Camp Nou con tres estocadas que parecían mortales de necesidad y que, sin embargo, tuvieron el efecto tonificante de la acupuntura.

El asunto no sería preocupante para el Barça si no fuera porque esas repentinas resurrecciones le provocan un cierto bloqueo mental, una pérdida repentina de confianza, una desconexión general. Es como si el punto débil del equipo, tal vez el único, fuera su excesiva alegría y sus problemas para cambiar el gesto y afrontar los encuentros que se vuelven ásperos, incómodos, vulgares.

El Barcelona salió ayer a jugar una exhibición y se encontró con un partido que se volvió serio casi de repente. Y no le fue fácil asimilarlo, especialmente a Ronaldinho, que abusó de las cabriolas y careció de contundencia. De algo así se murió Denilson y, aunque no será el caso del crack del Barça, cuyo talento es infinitamente superior, hay que ser sinceros y admitir que el Ronaldinho circense termina por resultar cargante, como si nos interrumpieran la pelea para incluir un anuncio de chicles, detergente o natillas. Un ejemplo: ayer intentó una cola de vaca con la pierna por detrás que era anatómicamente inviable.

El Betis, plagado de suplentes (sólo repetían Miguel Ángel y Melli) planteó el encuentro con un punto de agonía y una presión a dos tercios de campo que atascó la circulación del balón del Barça, ya pueden tomar nota los rivales que por allí pasarán. Cortados los suministros entre Xavi y la línea de vanguardia el Barcelona es un dragón sin fuego. Edmilson, tan deslumbrante en la ida, desapareció en el combate.

Con el duelo equilibrado llegó el error fatal de Melli, que quiso recortar a Etoo en el centro del campo, sin más compañero por detrás que Contreras. El camerunés, naturalmente, le robó la cartera y adelantó a su equipo con la facilidad de la que hacen gala los delanteros muy buenos. Se nota que a Melli, por ser talento precoz (21 años), le han faltado entrenadores de esos que habitan en los campos de tierra y se comen crudos a los defensas que juegan a ser delanteros.

El desenlace estaba más cercano a la goleada local que al milagro visitante. Pero fue entonces cuando el destino nos llevó la contraria y apareció Dani, que es una especie de ninja trianero. Xisco, al que la desubicación le llevó a la banda izquierda, se marcó un pase fabuloso y el canterano lo remató en el segundo palo como debe hacer un ariete.

Sin tiempo para reflexionar mucho, llegó el segundo gol del Betis. Dani aprovechó un mal despeje de Oleguer para controlar un balón rebelde y patearlo a la red sin contemplaciones. Aunque el Betis estaba todavía a dos tantos de la remontada, dio la impresión de estar muchísimo más cerca, como a dos arreones de distancia. Y pudo haber sido cierto si Fernando hubiera batido a Valdés en una buena contra, pero el portero se lució y evitó el susto.

Desplome.

Ya fuera por la entrada de Márquez en lugar de Belletti o por el discurso de Rijkaard, el caso es que el Barcelona de la segunda de parte dejó de fracturarse por la mitad y se comportó como un equipo mucho más sólido, aunque sin las brillanteces habituales. El Betis, al que creíamos agazapado, estaba en realidad muerto, tal vez de cansancio. Muestra de ello es que los verdiblancos no volvieron a tener una sola ocasión para marcar en todo el segundo tiempo. Fue esa mitad la que encumbró a Contreras.

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Al final, el Barcelona ganó la Supercopa de un modo que empañó en parte su flamante exhibición en la ida. Eso no anula ninguna de sus virtudes, pero delata una fragilidad emocional por la que pueden colarse las esperanzas de sus grandes enemigos, sin tanto talento en sus filas, pero mucho más duros.

El Betis se marchó con la cabeza alta y se jugará media temporada el próximo martes contra el Mónaco en la previa de la Champions. El Barcelona comenzará la Liga como el rival a batir, pero inspirando menos respeto que hace una semana. Quizá hubiera sido mejor que Rijkaard alineara a los suplentes.

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