"Por fin soy feliz"
Se concentró a la 1:30 de la mañana tras saber la noticia


Robinho recibió la noticia de que el fichaje estaba cerrado en su domicilio paterno de la calle Floriano Peixoto. Wagner Ribeiro, su agente, lo telefoneó desde Alemania a la una de la mañana (en Brasil). Poco antes, el jugador había dado su consentimiento a disputar unos cuantos partidos con el Santos. "Estás obligado a concentrarte esta misma noche con el equipo", fueron las palabras de Ribeiro. Robinho se puso el chándal y a la 1:30 horas estaba entrando en el hotel Parque Balneario para unirse a sus compañeros.
A las 2:30 pidió dos sandwich y un zumo de naranja. Le costó conciliar el sueño, y estuvo hablando por teléfono con Ribeiro hasta altas horas de la madrugada. Su sueño de vestir la camiseta del Madrid ya era una realidad y el agente lo puso al tanto de todos los flecos de la operación. El jugador se despertó ayer a las 9:00 horas. Después de desayunar, volvió a la habitación para recoger sus cosas y bajó a la recepción para salir del hotel. El autobús, en el que ya se habían montado Giovani y Ricardinho, le estaba esperando.
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Ya abajo, tras la puerta del ascensor apareció un Robinho sonriente. Custodiado por dos personas de seguridad del equipo, atravesó el hall. No dudó en estrecharnos la mano y saludarnos cordialmente. "Ahora, por fin, soy feliz otra vez", fueron sus primeras palabras. "Tengo la misma sensación de alivio que cuando volví a entrenarme después del secuestro de mi madre. Estoy contento por volver a trabajar...".
Robinho, custodiado por la seguridad del Santos, no ha dejado de andar mientras nos atendía. En la calle, nuestro fotógrafo capta la primera imagen del jugador desde que el 2 de julio dejó de entrenarse. Sólo una cámara de televisión de O Globo es testigo del momento. O Rei do Drible está radiante. Sonríe mientras los empleados de seguridad apartan a los fans...



