Primera | Real Madrid

Robinho ya se ha llevado sus cosas del vestuario

Robinho sigue contando las horas que faltan para ver cumplido su sueño de jugar en el Madrid. A la espera de obtener un tránsfer provisional para viajar a España, el joven delantero ya ha recogido sus botas de la taquilla de Vila Belmiro, el estadio del Santos, donde su imagen se ve en cada rincón.

<b>VIAJE. </b>Robinho ya ha hecho las maletas para ir al Madrid.
Marco Ruiz
Redactor Jefe Real Madrid
Nació en Granada en 1977. Licenciado por la Universidad Europea, entró en AS en 1999, por tanto, es canterano y ‘one club man’. Tras hacer la información del Atlético dos años pasó a formar parte de la sección del Real Madrid, de la que ahora es su Redactor Jefe. Cubrió la Eurocopa de 2008, tres Mundiales de Clubes y una final de Champions.
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Robinho ya se ha llevado todos sus objetos personales de Vila Belmiro, el estadio del Santos. Su taquilla está flanqueada por la de Pelé y Ricardinho. O Rei sigue custodiando allí parte de su material deportivo. Sin embargo, Robinho ya ha hecho las maletas para viajar a Madrid en cuanto reciba el tránsfer provisional de la FIFA. Dentro de su taquilla no queda nada, sólo un montón de papeles escritos a mano, desordenados, cartas de la torcida pidiéndole más pedaladas (bicicletas) y títulos.

Manoel Gomez Lima, Maneco, cuidador de la Vila, donde llegó en 1957 con tan sólo 11 años de edad, es la voz más autorizada para explicar lo que ha sucedido. Sus gestos son pausados y su figura respetada por todos los demás empleados. De su boca brotan las mejores historias de un pasado brillante. "El fútbol de la década de los 60 o 70 era puro arte. Algo clásico. Ahora prima la fuerza, la energía", sentencia.

El gesto de Maneco es severo cuando habla de Pelé: "Nunca nacerá otro futbolista como él. Era el mejor dentro y fuera del campo. Nunca he visto a alguien tan rápido y con tanta definición... Robinho también es un jugador diferente, pero Pelé se ganó con merecimiento el apodo de O Rei. Antes, los futbolistas jugaban por amor a la camiseta, ahora se juega por dinero".

Maneco no tiene inconveniente en hablar de Robinho. "Su traspaso es cosa de los directivos, no mía. Pero sí puedo decir que donde está él está la alegría. Es un fuera de serie. Le tenemos mucho respeto. Sería bueno que siguiese en el Santos, pero si se marcha, todos queremos que Dios le atienda. Este muchacho ha tenido la virtud de cambiar el fútbol moderno. Hasta que él apareció, los jugadores habilidosos no hacían filigranas en exceso por temor a la reacción de los defensas. Ahora, Robinho no para de hacer pedaladas sin que nadie le mire mal por ello. Es un espectáculo. Esa va a ser su gran aportación. Un espejo para los demás atletas (futbolistas)".

Al entrar al estadio, dos murales fabricados con baldosas flanquean la entrada que da acceso a la sala de trofeos de Vila Belmiro. Uno es del mítico equipo de la década de los 60 que comandó Pelé y otro del de 2002, que con el cambio de siglo retomó la victoria del Brasileirao, con Robinho al frente. Un túnel del tiempo en el que se unen pasado y presente, O Rei frente a O Rei das Pedaladas.

Dentro del recinto, todos los rincones, llenos de fotografías en blanco y negro, trofeos de los más diversos metales ennegrecidos por el tiempo, banderines o camisetas sudadas, recuerdan y homenajean a Pelé, "el más grande de la historia, el irrepetible...". Sin embargo, a pesar de su juventud, Robinho, santo y seña de los últimos triunfos de la entidad, es el segundo futbolista con más presencia entre toda la amalgama de objetos que rememoran la trayectoria deportiva de uno de los conjuntos más laureados del mundo: tres Libertadores, tres Recopas, ocho Campeonatos Brasileños y 15 Trofeos Paulistas descansan en sus vitrinas.

Repercusión.

Robinho es, sin duda, el jugador que tiene mejor imagen entre todos los que hay en activo en el fútbol brasileño. Los empleados de la tienda del Santos no tienen dudas al respecto: "Pelé sigue siendo el personaje que vende más camisetas año tras año. Robinho es el segundo". Ahora, a O Rei de las Pedaladas le toca emprender una nueva aventura por Europa, un camino radicalmente opuesto al que siguió en su momento O Rei. Quizá éste sea su puente hacia el cielo. Robinho sueña con ponerse a la altura del mítico Pelé ganando títulos y reconocimiento en el Real Madrid.

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Un "chico bueno" con cuatro pares de botas

La marcha de Robinho escuece en Vila Belmiro. Quizá por el amor que los empleados y la torcida tienen por 'el siete', Zuco, el trabajador más antiguo del club (era el utillero en los tiempos de Pelé), se niega a ser retratado o a realizar declaraciones a la prensa española. Sin embargo, Orlando, su ayudante y discípulo, hizo de improvisado guía en la visita que llevó a cabo AS por la entrañas del estadio. En el interior del vestuario salta a la vista que la taquilla del futuro galáctico está flanqueada por la de Pelé y Ricardinho. Orlando no tuvo inconveniente en abrir el que hasta hace poco fue el espacio más privado del próximo jugador del Real Madrid. Arrancar una palabra de Orlando es misión casi imposible, pero al final explica que "Robinho es un chico bueno, tanto como buen futbolista. En los cuatro años que llevo con él no ha tenido una mala palabra, ni un capricho con sus botas. Me dejaba hacer siempre sin poner problemas. Hay confianza. Siempre quería disponer de cuatro pares de botas. Las iba cambiando, aunque nunca supe por qué elegía uno u otro modelo".

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