El gol fue para él una rutina

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Por fin Mateja Kezman comenzó a refrendar todas las sospechas y se destapó ayer con tres goles (pudieron ser cuatro, pero le anularon uno) en el partidillo. Batman, como le conocían en Eindhoven, ha comenzado a dejar su marca. Muchos dirán que falta esperar a que comience la competición para calibrar el alcance del jugador. De todas formas, los primeros días de pretemporada nos han dejado detalles sobre él que presagian algo bueno. En vivo la presencia de este eslavo recuerda un poco al personaje de cómic. Mantiene siempre una mirada viva, casi sibilina, como escrutando dónde dar el golpe y a la vez tener localizadas las posibles escapatorias. El serbio parece focalizar todo su trabajo en función de la portería contraria. Así ha sido siempre y las cifras lo han avalado. Lo más fantástico es que su relación con el gol ha llegado a ser algo cotidiano.
Kezman vive obsesionado con la portería contraria. Se le nota en los detalles. Cuando Bianchi ordena a la plantilla correr, él no se olvida del balón y si al pasar cerca de la portería observa un balón descarriado aislado del resto, no duda en empujarlo con un toquecito dentro del gran jaulón, por si acaso. Verle rematar a puerta es un placer y realmente te das cuenta de que para él marcar es una rutina. Mateja recuerda a ese cirujano que, cinco minutos después de terminar una complicada operación de varias horas, degusta un bistec poco hecho sin alterar ni un sólo rasgo de su rictus. Pura rutina. El serbio además consigue serenidad justo donde más le tiemblan las piernas al jugador, esa zona de valientes a la que siempre hace referencia Alfredo Di Stéfano. Muchas esperanzas atléticas se cimentan en la pólvora de este chico y él no quiere fallar.



