Primera | Real Madrid

El barrio de La Aparecida echa de menos al crack

Ayer abandonó su casa para huir de la presión

<b>SU CASA. </b>Robinho ha estado recluido hasta ayer, en su barrio, junto a su madre.
Marco Ruiz
Redactor Jefe Real Madrid
Nació en Granada en 1977. Licenciado por la Universidad Europea, entró en AS en 1999, por tanto, es canterano y ‘one club man’. Tras hacer la información del Atlético dos años pasó a formar parte de la sección del Real Madrid, de la que ahora es su Redactor Jefe. Cubrió la Eurocopa de 2008, tres Mundiales de Clubes y una final de Champions.
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Para Robinho la situación está siendo difícil de asimilar. Ha pasado los últimos seis días recluido en su domicilio del barrio de La Aparecida (Santos), una zona de nueva construcción nada ostentosa que choca con el glamour que rodea al jugador.

"Las persianas del tercer piso han permanecido cerradas últimamente. La última vez que lo vi por la calle fue hace tres días. Iba con su novia y entraba en un coche directamente al garaje para evitar a los periodistas que siempre merodean por aquí y a algún hincha que viene a pedirle que se quede", comenta Tassiano, el veterano trabajador de la gasolinera que está enfrente de su edificio. Robinho sólo ha salido de allí para visitar a sus padres en el barrio de Pompeia, a 10 minutos en coche. Su madre ha vuelto a Santos, tras su secuestro, después de que le llegaran las primeras noticias de la tristeza que estaba empezando a contagiar a su hijo.

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Jair, el portero de la finca, nos confirma que ayer mismo por la mañana Robinho "salió de viaje". "Su actitud ha cambiado radicalmente desde que volvió de jugar la Copa Confederaciones. Antes andaba por el barrio con absoluta normalidad, conversaba con todo el mundo que lo requería y no negaba ni un solo autógrafo a los niños", comenta Víctor, el dueño de la frutería, mientras unos meninos, atraídos por los flashes de la cámara de nuestro fotógrafo, revolotea en sus bicicletas.

El cruce de las Ruas Concelheiro Ribas y Alexandre Martins, donde vive Robinho, se ha convertido, desde el secuestro de su madre, en uno de los lugares más seguros de la ciudad, y unas cámaras colocadas estratégicamente vigilan las entradas a la finca. Es como un pequeño oasis dentro de Santos, una villa de 400.000 habitantes rodeada de campos petrolíferos y de industria donde el dinero no parece llegar a la mayoría de la gente. Allí Robinho es el auténtico ídolo, "el sucesor de Pelé".

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