Fútbol | III mundialito de la inmigración

El portero que pudo golear para el Valencia

Fidel Fernández estuvo a punto de fichar por el club ché

Fidel Fernández
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Nelson Haedo Valdez se sentaba cada domingo en el banquillo a ver cómo Fidel Fernández machacaba las redes contrarias como el que come pipas. Ambos jugaban en el Tembetary de la segunda división paraguaya, aunque las páginas de los periódicos eran para Fidel. Luego, el destino jugó a dar la vuelta a todo: Nelson Valdez ha ganado una Bundesliga con el Werder Bremen y conoce el cosquilleo que produce oir el himno de la Champions atronando por los altavoces de San Siro o Mestalla, mientras que Fidel, de 28 años, ya ha dejado el fútbol.

Estar en el lugar adecuado en el momento propicio ayuda mucho a triunfar, pero a veces vale más que determinadas personas no se hubieran cruzado en tu camino. En el caso de Fidel Fernández ese obstáculo se llamaba Epifanio Rojas, multimillonario presidente de Tembetary y dueño de la ficha federativa del delantero pilarense. Epi ("ha llevado a muchos a la gloria, pero ha dejado bastantes en el camino" afirma Fidel), como es conocido en Paraguay, tenía tasado a Fidel en millón y medio de dólares y tanto insistió en la cifra que al final no ingresó ni un centavo por él. El Matador Kempes, allá por el año 96, trabajaba para el Valencia sacando a la luz jóvenes valores del fútbol suramericano y se fijó en Fidel. Además le unía una relación de amistad con Epifanio Rojas, por lo que el pase de Fidel al Valencia no debería complicarse demasiado. Pero el millón y medio de dólares de hace casi diez años era demasiado dinero a pagar por un delantero de 19 años sin experiencia en Europa. Fidel "ya tenía hechas las maletas y la mente en Mestalla". Pero Epifanio fue inflexible, o millón y medio o nada. Y al final nada.

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La historia se repitió después cuando el fútbol mexicano y el chileno se interesaron por los goles del delantero paraguayo. Una vez más Rojas le cerró la puerta del éxito. Cuando Fidel obtuvo judicialmente la libertad, las ofertas ya no eran las de antes, y se quedó jugando en la segunda paraguaya. Tembetary, Guaraní o el Millonarios colombiano donde jugó en su día Di Stefano fueron algunos de los equipos en los que militó antes de retirarse.

La necesidad de alimentar a tres hijos (a los que no ve desde hace dos años) le hizo colgar las botas y venirse a España. Ahora es portero de fincas y gana 900 euros, cinco veces más que en su país. Vive en una casa modesta donde guarda los recortes de prensa de la época en que valía un millón de dólares. Y calla cuando piensa que pudo haberse enfrentado a Nelson Valdez en el Valencia-Werder Bremen de la Champions League. "El fútbol es cuestión de suerte", afirma resignado, pero triste.

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