Futbolista con varita

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Tras arrojar la toalla por Riquelme urge encontrar algo que dé garantías para la posición de enganche. Bianchi quiere un jugador con la capacidad de dar el último pase y ahora mismo sólo el antiguo Ibagaza podría garantizarlo. Se habla de un delantero y de jugadores de banda, pero no olvidemos que lo que originó que el Calderón asistiera a plúmbeos espectáculos como el del Levante, ha sido la falta de magia entre líneas. Verón es un futbolista con esa varita. Empezó a demostrarlo en Estudiantes de la Plata, como lo hiciera su padre, que pasó a la historia formando parte de aquel equipo pincharrata de Bilardo y compañía en los sesenta. De su progenitor además heredó, en diminutivo, su apodo: la Brujita.
El joven Verón pasó a Boca y en una temporada atrajo la atención de los ojeadores del Calcio. Tenía la capacidad de hacer bueno al delantero más limitado. Además, rompía el estereotipo del enganche, no era un futbolista liviano, ni eludía el choque. En Italia demostró todo eso. Primero, en la Sampdoria. Verón causó sensación con la camiseta blucerchiata. El desastre administrativo de la familia Mantovani, tras la muerte del patriarca Paolo, le mandó al Parma. Con los emilianos ganó una Copa de Italia y la UEFA de 1999. Al año siguiente se mudó a Roma e hizo doblete, Liga y Copa, con el Lazio. El Manchester lo fichó en 2001 por 44 millones de euros, pero no cuajó. Tampoco lo hizo en el Chelsea, quien lo he dejado a préstamo en el Inter.



