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Nace un gran técnico

Bianchi empezó su carrera como técnico en la Segunda División francesa. Pero estaba cantado que tenía que entrenar a su equipo, a su Vélez del alma. Y contra todo pronóstico le hizo campeón. Bianchi saltaba a la palestra como un gran técnico, pero su fama no había hecho nada más que comenzar.

<b>UNA LEYENDA. </b>Bianchi dio sus últimos pasos en el Reims y ahí empezó como entrenador. En Argentina ganó con Vélez su primer título y se generó una gran relación con Piazza, con quien compartió vestuario y batallas deportivas luego en Francia.
Julio Maldonado
Importado de Hercules
Actualizado a

A principios de los ochenta Carlos Bianchi ya empezaba a pensar como técnico y, sin embargo, en Vélez seguía rindiendo a gran nivel como goleador. Gran figura del campeonato nacional de 1981 y adorado por la hinchada, Bianchi empezaba a pensar en volver a Francia. Algo le rondaba la cabeza y, sobre todo, decía sentirse decepcionado por lo que veía en Argentina. "En Francia te respetan hasta las hinchadas rivales cuando llegaste a ser alguien" declaró en El Gráfico en diciembre de 1981. "Aquí, en Argentina, lo que es verdad hoy ya no lo es mañana. El otro día vi cómo le gritaban en Boca a Gatti, a Sá y a Pernía, tipos fundamentales en la conquista años atrás de la Libertadores y la Intercontinental". Y sentenció: "La situación del país lleva a los hinchas a descargar los domingos en la cancha toda la bronca acumulada durante la semana". En realidad, con todo esto, Bianchi dejó claro porqué pensaba iniciar en Francia su carrera como técnico. Antes jugó unos meses más en Vélez, porque seguía haciendo goles, y porque aún tenía esperanzas en que Menotti le llevase al Mundial 82 de España. Pero no. Menotti prefirió a Ramón Díaz para luego dejarle en el banquillo y Bianchi se dio cuenta de que el final estaba muy cerca.

Aguantó un par de años más en Vélez con alegrías importantes. Una de ellas, el poder compartir equipo con Osvaldo Piazza, aquel excelente central del Saint Etienne del que hablamos en capítulos anteriores. Bianchi y Piazza habían librado batallas tremendas en Francia y a mediados de los ochenta iniciaron un idilio del que se aprovecharía Vélez años más tarde. Pero antes y, ya casi retirado, el Stade Reims le reclamó en un intento desesperado por encontrar los goles que necesitaban para salvarse del descenso. Era mediados de 1984 y para Bianchi fue la razón perfecta para regresar a Francia.

Se inicia como técnico.

El paso de los años demostró que su destino en el Reims estaba más en el banquillo que en el campo y así empezó todo. Un equipo en Segunda División, lejos del éxito y con los triunfos de otra época sólo en el recuerdo. Precisamente ahí empezó Carlos Bianchi su gran trayectoria como entrenador. En la Segunda División francesa. Un equipo sin figuras, con demasiados altibajos. Nada más comenzar la temporada 85/86 ya se le exigía el ascenso. El equipo estaba tercero después de ocho jornadas, pero tras una derrota 0-3 en casa ante el Quimper y otro paso en falso frente al Moulhose llegó una mala racha que acabó con el Reims en mitad de tabla. No hubo ascenso y cuando empezó la temporada siguiente las cosas habían empeorado. Gabrich se había marchado al Barcelona y el Reims había firmado como estrella al chileno Ivo Basay, entonces sólo con 21 años y poca experiencia. Aquella sería la tercera y última temporada de Bianchi como técnico del Reims, que poco después de Navidad ya anunció su marcha. Los dirigentes le proponían un año más de contrato y no aceptó, él quería un trabajo más a largo plazo. En noviembre de 1989 firmó por el Niza, en Primera División, pero en plena zona de descenso. Reemplazó a Pierre Alonzo y se encontró el equipo hecho un solar. Los problemas económicos le habían obligado a vender a Oleksiak, Bravo, Guerit y Bosser, lo mejor de la plantilla. Y las lesiones, a veces, le dejaban sólo trece jugadores disponibles. La única esperanza, el buen goleador luxemburgués Robby Langers.

El Niza llegó a ser último a pocas jornadas del final, pero se mantuvo tras una dramática promoción frente el Estrasburgo. El partido de vuelta fue épico, el Niza ganó 6-0 con cuatro goles de Langers y Bianchi recibió un homenaje de los propios jugadores en el vestuario. Ya todos sabían que el técnico se marchaba, pero al menos dejó al equipo en Primera. Le esperaba un fugaz paso como director deportivo del París FC y su querido Vélez.

El regreso.

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Tenía 44 años cuando volvió en enero de 1993 y se encontró un Vélez en plena reconstrucción. Gareca y Mancuso se habían marchado y el equipo no tenía grandes figuras. Futbolistas como Trotta, Walter Pico, Bassedas, Turu Flores, Marcelo Gómez, Almandoz, Asad, Basualdo o Sotomayor formaban la columna vertebral con Chilavert en la portería. Un equipo que llegó a jugar de maravilla, con una gran precisión y velocidad. "Una maquinita", como se le empezó a conocer en Argentina. Un Vélez muy solidario, que poco a poco fue escalando hasta convertirse, un año más tarde, en campeón de América.

Pronto se instaló en lo alto de la tabla y, además, entró en racha goleadora el gallego González. Sólo el River Plate de Passarella le pudo hacer sombra, pero al final hincó la rodilla. Un empate a uno en La Plata ante Estudiantes le dio a Vélez el campeonato y Bianchi ganó así su primer título en Argentina. Un gran Marcelo Gómez en el medio centro y la pareja de delanteros Flores-González habían sido fundamentales, pero, sobre todo, el técnico Bianchi. Aquella tarde marcó Chilavert de penalti y nadie podía sospechar que había nacido un Vélez que devolvería a lo más alto del mundo al fútbol argentino. La Copa Libertadores ya esperaba, y como un sueño que nadie se atrevía a comentar en voz alta, la Copa Intercontinental en Tokio.

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