Aguafiestas
Será casualidad, pero últimamente hay cuatro ejemplos, todos ibéricos, de cómo la victoria da paso al fragor de la batalla, a la liquidación por derribo, a la guerra civil. Pues sí. Si resulta que un Barça campeón de Liga después de seis años se descompone en las alturas, entre celos y envidias de lo que era un grupo de amigos triunfadores y sobradamente preparados, hay precedentes recientes de lo que podríamos denominar la Ley del Embudo: el que gana pasa por el aro de la factura.
1. El referido en el Barcelona. El título de Liga 2004/2005 en el punto de partida para la salida de los disidentes liderados por Sandro Rosell.
2. Pues va ser que el Real Madrid tampoco ha digerido tres últimos grandes triunfos. Siempre pasó algo. Y gordo. Tras la ansiada Séptima Copa de Europa, el entrenador que la gana, el alemán Jupp Heynckes, es destituido. Más. Después de conquistar la Champions de 2000, el presidente madridista, Lorenzo Sanz, convoca elecciones confiado en que la Octava le mantendrá en la poltrona. Nada. Le derrota Florentino por el voto por correo.
Otra. La Liga blanca 2003. La celebración en el Bernabéu y en el Asador acaba como el rosario de la aurora, con más que palabras con Fernando Hierro como protagonista. No sigue, es despedido. Al igual que el entrenador, Vicente del Bosque. Dos de las insignias del madridismo que salen para modernizar al club. Morientes les seguirá.
3. El Valencia. De traca. Gana en Sevilla con Rafa Benítez su segunda Liga en tres años, lo nunca visto en su historia, y el entrenador se marcha al Liverpool tarifando contra Manuel Llorente. Tampoco dura el presidente de los títulos y el abanico gigante, Jaime Ortí. Todo el valencianismo se arrepiente ahora.
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4. El Oporto. Conquista la Champions 2004 después de la UEFA en 2003. Dos títulos continentales consecutivos para un entrenador que de traductor de Bobby Robson en el Barça pasa al pedestal más alto sobre la tierra: José Mourinho. Pues bien. 3-0 al Mónaco en Gelserkirchen y no llegó ni a Oporto de vuelta para las celebraciones. Se quedó de escala en Lisboa para irse de vacaciones a Brasil. El Chelsea lo tenía fichado. Que si un supuesto acoso a la mujer de un jefe ultra de la hinchada, que si la abuela fuma, que otro caso más de título igual a escándalo.
Pero ninguno de los casos pudieron acabar con lo único importante, la alegría de los aficionados, para quienes el fútbol en el siglo XXI sigue siendo igual fenómeno de masas o mayor que lo fue en el XX. El fútbol es suyo. Pero mira que hay aguafiestas: persona que turba cualquier diversión o regocijo.



