El baile de fin de curso
Floja despedida de Zaragoza y Madrid Owen, Roberto Carlos y Ronie pusieron la pólvora Luis García puso la mecha Figo fue abucheado.

Tuvo la intensidad de un baile de fin de curso, aunque no hubo ni orquesta Filadelfia ni chicas vestidas de novia ni un muchacho gafotas que no tenía pareja y que en el último momento logró hacerse con la guapa del instituto, no hubo ni ponche, que se sepa. Y hablo del fin de curso más excitante que se me ocurre, porque los míos se zanjaban con una palmada en la espalda o un capón, según. Intento decir que el partido con el que despidieron la temporada el Zaragoza y el Madrid no tuvo intensidad alguna, que fue un asunto menor, sólo animado por la salida de Figo en la segunda parte y por los intentos del paraguayo Toledo de aniquilarlo, desconocemos el motivo, pero debe ser de peso.
Después de 38 partidos observando al Madrid no debería ser muy complicado razonar su victoria de ayer, explicar los motivos y analizar las claves del encuentro. Pero lo es. Como otras tantas veces, el Madrid venció sin jugar bien, sin jugar a ratos, perezoso, abúlico, sin plan, improvisando el discurso. Aunque parezca increíble, de ese modo, el equipo ha conseguido ocho victorias y dos empates en los últimos diez partidos. De esa forma, ha sumado más puntos que el Barcelona en la segunda vuelta. Y aunque los datos me vencen, no me rindo: el Madrid ha cerrado la temporada con un juego desesperadamente mediocre, salvo en muy contados partidos, todos en el Bernabéu y todos ante rivales de enjundia (Valencia, Barcelona, Villarreal, Juventus...), choques donde la pasión ocultaba la ausencia de partitura, de música.
Visto desde la perspectiva del Zaragoza el encuentro de ayer tampoco resulta muy alentador porque confirma que varios futbolistas más que interesantes siguen sin ser suficiente para hacer un buen equipo. Falta pegamento, cemento, conexión, feeling, como quieran llamarlo. La defensa es correcta, el centro del campo tiene talento y en la delantera, aunque completamente solo, hay un ariete de primera categoría, Villa. Pero la mezcla no combina. Hay problemas que señalan sin disimulo a los entrenadores.
Fiel reflejo de lo que ha sido la temporada para ambos equipos, el partido comenzó con un ligero dominio local, ligero por falta de contundencia, por insustancial. Así transcurrieron los primeros minutos, con el Zaragoza apareciendo en las cercanías del área de Casillas, pero dando evidencias de que necesitaría llegar mil veces para aprovechar una.
Del Madrid, qué decir. Luxemburgo sorprendió dando entrada a Celades en lugar de Beckham, lo que volvió a marginar a Guti. Es testarudo el entrenador y tiene una inclinación al orden y a la disciplina que resulta preocupante, a mí me lo resulta, porque no espero que el Madrid sea la Juventus, aunque la Juventus haya ganado el campeonato italiano a base de promocionar la siesta.
En su última actuación como madridista, Celades jugó un buen partido (partido sin tensión, recuerdo) y demostró que es un futbolista muy aprovechable para cualquier otro equipo, un fino desatascador del medio campo, no es extraño que disponga de varias ofertas de trabajo. No valer para el Madrid no inhabilita para jugar al fútbol y prueba de ello es Savio, un gran proyecto sin cuajar, a dos centímetros de culminar sus fugas, pero sin culminarlas nunca. Que Luxemburgo me perdone, pero Savio sería mucho más incómodo para sus enemigos pegado a la banda (al menos sacaría faltas y tarjetas), antes que en esa difusa posición de media punta por la que pasan muchos jugadores sin que se sepa bien si cantan o bailan.
Se abre la lata.
El partido se desequilibró con un disparo lejano de Zidane en el minuto 25, el primero que hacía el Madrid en el partido. El tiro era duro, pero sin aparentes problemas para el portero, que sin embargo, no atajó el balón y lo dejó a merced de Owen, que remató a placer. El guardameta fue cruelmente abucheado por el público, con el que debe tener cuentas pendientes. No obstante, no debe ser sencillo ser portero del Zaragoza cuando acaba de retirarse un histórico como Láinez, homenajeado antes del inicio. No debe ser nada fácil, como se vería después.
Owen también se despedía como se había presentado, sin apenas intervención en el juego pero con una asombrosa capacidad para aprovechar las oportunidades que se le presentan, trece goles en Liga. Muy bonito, pero insuficiente para continuar en el equipo, eso creo yo, que a estas alturas juego a ser Sacchi y paseo con gafas de mosca por los campos floridos.
Nada alteró el transcurrir del encuentro: los locales siguieron dando puñetazos al aire y los visitantes continuaron con su rondo eterno, esa triangulación que no va a ninguna parte y que nos descubre un curioso fenómeno psicológico que consiste en la negación de la portería contraria como elemento de placer. Ronaldo no lo padece y Villa tampoco. Se hizo evidente en una combinación del propio Villa con el joven Óscar, que dejó a éste a dos palmos de Casillas, imposible hacer nada por evitar el gol. Buena pinta la de ese Óscar.
Desde su llegada, Luxemburgo ha fortalecido al equipo e incluso diría que lo ha recuperado anímicamente, pero no ha logrado cambiarle el ritmo, el paso cansino con el que se ha movido en los dos últimos años.
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En la segunda mitad, Figo sustituyó a Owen y desde su salida al campo fue silbado por buena parte de La Romareda, que aún no le perdona que lesionara a César Jiménez en la primera vuelta. Tampoco se lo debe perdonar el ínclito Toledo.
El tanto que sentenciaba el choque lo marcó Roberto Carlos en una estupenda jugada en la que intervinieron primero Zidane y luego Raúl. Y aunque Ronaldo dispuso después de varias ocasiones (en cuanto saltó Guti al césped, curioso) sería necesaria otra cantada de Luis García para que Ronaldo pusiera broche a la temporada con un gol, 21 en Liga. Eso, junto a intervenciones angelicales de Casillas, es lo que ha sido el Real Madrid de esta temporada, nada más. Muy poco para el Madrid. E igual de poco para el Zaragoza, un equipo que no puede conformarse sin Europa. Así se van ambos, sin palmada ni capón.



