Un ganador con mucho carácter

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Siete Ligas argentinas, cuatro Copas Libertadores, tres Intercontinentales y una Interamericana. Esa es la carta de presentación de Carlos Bianchi y éste es el técnico con el que sueña la cúpula rojiblanca para dirigir los destinos de su equipo. El interés rojiblanco por este ganador empedernido trae asociada una interpretación sobre las coordenadas que quiere seguir el Atlético a partir de ahora. Lo primero es la elección del personaje. El Virrey, como le conocen en Suramérica, es una figura monolítica, un nombre que ya sólo al oírlo sienta cátedra dentro del círculo. No es que el Atlético haya sufrido una etapa iconoclasta con Manzano y Ferrando, evitando tener en su seno a grandes iconos del banquillo. Pero sí es cierto ahora que no quieren más experimentos. La otra valoración de la elección es evidente: se busca a un coleccionista de trofeos.
Ahora bien, hay que hacer un aviso a navegantes. Bianchi no es una persona maleable. Lo demostró en Vélez, se lo exigió en Boca y no lo hizo en la Selección... porque no quiso. En Boca tuvo tiras y afloja con la directiva de Macri. Entendió que por economía se le desmembrara el equipo año tras año, pero delimitó, apoyado por la plantilla y la afición, dónde mandaba él y dónde mandaban los demás. En julio pasado dejó la disciplina xenieze por problemas familiares y en septiembre por aclamación popular, y tras la repentina marcha de Marcelo Bielsa, le ofrecieron la albiceleste. Bianchi se sentó en la mesa, en principio todo conforme, hasta que una pequeña discrepancia sobre organigrama y organización motivó su puñetazo en la mesa. Y se fue de vacaciones. Si aterriza en el Manzanares no tolerará capotazos de arriba, eso deben tenerlo claro.



