Primera | Atlético de Madrid

El Atlético sondea a Pablo Aimar y a Di Vaio

Como ya anunció el director deportivo Toni Muñoz hace unos días en Pamplona, el club sigue trabajando para reforzar el equipo. Al nombre de Luque, hay que sumar ahora los de Aimar y Di Vaio como objetivos rojiblancos. En el club tienen claro que este verano los fichajes deben ser contrastados.

<b>EN LA AGENDA.</b> Ambos no están contentos en el Valencia y quieren marcharse
Jorge García Hernández
Redactor jefe de fútbol
Jorge García Hernández (Palma de Mallorca, 1978) es redactor jefe de Fútbol. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, es canterano del Diario As, donde entró en 2001. Fútbol base y Cierre como antesala a 15 temporadas siguiendo al Atlético de Madrid. Después, AS.com y Fútbol internacional.
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El Atlético intenta pescar en las aguas también revueltas del Valencia. Los rojiblancos siguen buscando dar un lavado de cara a su plantilla y se han fijado en la situación de Pablo Aimar y Marco di Vaio.

Ante los problemas ofensivos que atraviesa el equipo existe una prioridad por reforzar esa línea y se tratará aprovechar la difícil situación de ambos jugadores en su actual club. Di Vaio viene de protagonizar un incidente con su entrenador, Antonio López, por el que fue apartado del equipo y después, tras entonar el mea culpa, perdonado. De todas formas, el italiano ya ha dicho en sus círculos que sus horas en la capital del Turia están contadas.

Di Vaio llegó a Valencia de la mano de Ranieri, junto a sus compatriotas Corradi y Fiore, y de ese paquete ha sido el que más rendimiento ha dado. El ariete ha jugado 26 partidos, 19 de ellos como titular y ha marcado 11 goles. Sin embargo, el máximo artillero che en Liga no está contento ya que sólo ha jugado completos cinco partidos, lo que le ha llevado a protagonizar algún incidente disciplinario. El ex de la Juventus es un seguro de gol, un jugador con experiencia internacional y que sabe lo que es la presión de jugar en grandes equipos.

Enganche.

Por su parte, la dirección técnica rojiblanca quiere apostar también por Pablo Aimar. El rendimiento de Ibagaza en el enganche no ha convencido y las miradas se dirigen hacia su compatriota. En la cabeza de Aimar existe cierta frustración, ya que a pesar de haber maravillado a la afición che en muchos momentos, percibe que en la ciudad hay cierto malestar con él a la hora de recordar sus lesiones y sus viajes con su selección. Además, está cansado de tener que pasar exámenes continuamente ante la afición y los entrenadores, quienes nunca le han garantizado un puesto de titular indiscutible.

El jugador vería con buenos ojos recalar en un lugar donde no se le discuta, algo que en el Atlético, sin lugar a dudas, tendría. Además, el argentino siempre ha mostrado su simpatía por un club como el rojiblanco, tan parecido en cuento a estructura social, a River, de donde llegó a Valencia en el invierno de 2000.

Passarella convenció a su padre y se lo llevó a River

Pablo César Aimar (3-11-79, Río Cuarto, Argentina) quedó tremendamente marcado cuando Diego Armando Maradona dijo de él que era el mejor jugador argentino que había visto tras su retirada y el único con talento para sucederle. Todo respondía a la meteórica carrera de un chaval rosarino que con 16 años abandonó su ciudad en la provincia de Córdoba, para marcharse a Buenos Aires. Daniel Passarella había convencido a su padre para que el chico se fuera a vivir a la gran ciudad y allí comenzó su periplo en River, hasta su debut con el primer equipo sin haber cumplido los 17 años frente a Colón. Fue entonces cuando su apodo inicial de El Payito (heredado de su padre al que llamaban el Payo por su pelo rubio) mutó a El Payaso, un nick que no le gusta, pero que un periodista inventó por su forma alegre de jugar. Pablo acumuló éxitos con las distintas selecciones inferiores argentinas y con su club, donde llegó a heredar la camiseta con el número 10 de Beto Alonso y Francescoli, sus dos ídolos. En 2000, fue nombrado mejor jugador de la Liga argentina y en diciembre el Valencia lo incorporó a sus filas. El traspaso se cifró en 3.500 millones de las antiguas pesetas, un récord por entonces para la entidad valencianista.

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Con 10 años amargó la tarde a su amigo Nesta

Marco di Vaio (15-7-76, Roma, Italia) tenía claro a los cinco años que su futuro era el fútbol y no la natación como quería su madre. A esa edad su progenitora le inscribió en un curso para aprender a nadar, pero tuvo que desistir cuando el monitor la avisó de que el niño se pasaba toda la hora jugando al fútbol con una pelota de tenis en la pileta. El balón era su pasión y comenzó a dar sus primeros pasos en la escuela La Storta. Allí ya empezó a dibujar su futuro como ariete hasta que con diez años dio el paso decisivo. Su equipo se enfrentó al Lazio y el pequeño Marco consiguió dos goles a pesar del marcaje del capitán lacial, un tal Alessandro Nesta. Ese día Marco se ganó una prueba con el equipo celeste y la estrecha amistad hasta hoy del ahora central del Milán. Marco Creció en el vivaio laziale, antes de pasar por el Verona, el Bari y la Salernitana donde explotó marcando 33 goles en 67 partidos, consiguiendo el ascenso a la Serie A. En 1999, el Parma lo fichó y en su segunda temporada con los emilianos consigue 20 goles, lo que provoca que en 2003 la Juventus lo incorporase por casi 20 millones de euros. En Turín juegó bien, pero no tuvo continuidad y el pasado verano se mudó a Valencia.

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