Atlético por los cuatro costados

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Hubo una época, no muy lejana, en que el nombre de los jugadores, especialmente el de los más brillantes, iba indisolublemente ligado al del club que defendía casi de manera vitalicia. Ese periodo fue una bendición porque creaba choques estelares de iconos deportivos cada vez que sus equipos se cruzaban y, más particularmente, hacía mucho más fácil la vida a los que nos pasábamos las sobremesas actualizando nuestros equipos de chapas en los que siempre guardábamos el mejor ejemplar para el jugador estrella. De esos tiempos, sólo quedan cuatro casos de futbolistas franquicia en el panorama internacional. Maldini, sempiterno en el Milán, Raúl, fiel a los merengues, Totti, veremos qué sucede en el Roma a final de temporada, y Torres, con el corazón teñido de rojiblanco. Los dos primeros lo han tenido más fácil, han vivido épocas gloriosas, de las que además han sido ilustres protagonistas, pero no me podrán negar que más mérito tiene jurar fidelidad a un club que ni siquiera sabe ahora dónde jugará sus partidos en un futuro.
Leo la entrevista a Torres en The Times y enseguida mi mente remite a un joven príncipe con el balón en la mano parafraseando un "atlético o no atlético, esa es la cuestión". Afortunadamente sigue imperando la primera parte del pensamiento, para regocijo de todos. La pregunta es ahora: ¿hasta cuándo durará ese sentimiento que Torres se ha encargado casi de sacralizar, por la elástica rojiblanca? Si por él fuera toda la vida, pero deben ser otros los que ayuden para que no se pierda ni un ápice de esa vitalidad. Cada testimonio de fe atlética que hace Torres debería ser tomada por los responsables del club como un incentivo para rodearle cuanto antes de lo mejor.



