El retrato de todo un año
Horroroso partido del Madrid. Pitos del Bernabéu. Baptista y Alves, los mejores del encuentro. Ronaldo empezó como suplente

Se ofenden mucho los futbolistas del Madrid cuando se habla de cambio de ciclo e incluso hay dirigentes del club que toman por malos madridistas (si no antimadridistas) a quienes critican, como si fuera pecado otra cosa distinta al optimismo ciego, ese que se deslumbra con las glorias pasadas y el brillo de los antiguos Balones de Oro. Y fue ese optimismo, que se mezcló con la admiración irracional del fan ante el ídolo cercano y llevó a pedir autógrafos que eran renovaciones, el que ha desencadenado la situación actual, un equipo que se desmorona hace meses sin que nadie lo quiera ver y que por eso mismo necesita ahora una renovación profunda, mucho más que un par de retoques, Robinho y así.
No pretendo restar mérito al triunfo del Sevilla, en absoluto, pues se trata de un equipo al alza, modélico en el campo y en el despacho, capaz de superar primero una situación de quiebra económica y de recuperar luego la fe, la ilusión y el fútbol. Pero su gran partido no se puede entender sin las facilidades que le ofrecía el rival, enormes, impropias de un equipo como el Real Madrid, pero mil veces vistas.
Pero vayamos al partido. Comenzó con sorpresas. García Remón dejó en el banquillo a Ronaldo y en su lugar jugó Owen. A mi modo de ver, nada aberrante, algo aceptable, siempre y cuando no sea norma, sino aviso. Es necesario que el futbolista que juega bien (y Owen venía cumpliendo) obtenga algún tipo de recompensa, es fundamental para que no pierda la fe, los equipos deben estar basados en un mínimo sistema de premios y castigos, para impedir que se acomoden los unos y se rindan los otros. Tampoco está mal que los jugadores descubran que el entrenador existe. Pero no justifico totalmente la decisión de García Remón: lo más justo es que el sustituido hubiera sido Raúl, por juego (nulo) y por acierto (poco).
Antes del primer pitido del árbitro ya habían ocurrido muchas cosas. Sacchi se sentaba en la última fila del palco junto a Butragueño, ambos tomando notas, aplicado el Buitre y aterrado, supongo, el italiano. El Sevilla vestía de malva con ribetes rojos y cintas blancas, un uniforme sencillamente horrible que, sin embargo, no le afectó. Carlos Sainz hizo el saque de honor, que debió ser como yo los imaginaba de niño: válido. Y el invitado intentando escapar del campo con el partido en juego, la corbata al viento.
Centrémonos: el acoso del Madrid al Sevilla duró exactamente dos minutos, los primeros. El despliegue madridista, además de la alineación, aportaba otra novedad: Figo jugaba por la izquierda (donde tiene menos vicios y es más directo), Beckham se movía por la derecha (sólo eso) y Zidane acompañaba a Guti al timón, sin tocarlo. En cuanto los visitantes se metieron la camiseta por dentro del pantalón se acabó el dominio.
No hizo falta mucho tiempo para confirmar que Sergio Ramos, Alves y Baptista son, en estos momentos, mejores futbolistas que los que tiene el Madrid por las mismas zonas. Especialmente hiriente resultó el duelo entre Alves y Raúl Bravo. Hiriente para Raúl Bravo, naturalmente.
Así que la superioridad del Sevilla no estaba fundamentada sólo en el orden, que eso ya se da por supuesto, sino en la calidad, y ni hablo de la ilusión, ni de la potencia física, que podría. Baptista lo dejó claro cuando marcó. Se escapó por velocidad de Samuel y superó con delicadeza la salida agónica de Casillas. Casi ni lo celebró el brasileño, así de sobrado se veía.
Una combinación de Alves en la frontal que salvó Casillas de milagro recordó al Ajax que deslumbró hace años en un torneo Bernabéu. Iker salvó otro gol cantado de Baptista. Luego repelió un chutazo de Carlitos. Y finalmente fue Jesuli quien la tiró fuera con el portero batido. El Madrid sólo contestaba a ráfagas, que eran de confeti y no de balas: un par de aproximaciones de Owen en las que fue zarandeado y un tirito de Raúl.
En la segunda parte, Ronaldo entró en lugar de Beckham y muy pronto Owen dejó su puesto a Solari, por lo que fue abucheado García Remón, que no controla la sensibilidad del público con los cambios y que, condenado a caer, pierde la ocasión de hacerlo como un valiente. El Sevilla no quiso ser cruel y siguió fallando oportunidades. El árbitro anuló un gol a Ronaldo por fuera de juego posicional de Raúl, discutible.
Navidad: el Barcelona líder, el Madrid a trece puntos, Etoo máximo goleador del campeonato, Woodgate no juega, Morientes tampoco y Samuel no es Curro Jiménez, es Algarrobo. Demasiadas coincidencias para no sentirse aludido. Por cierto, el Sevilla, en Champions.
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El detalle: silbidos tras el cambio de Owen
Gran parte de la afición del Bernabéu silbó a García Remón cuando, en el minuto 60 del encuentro, optó por sustituir a Michael Owen por el argentino Solari. Cuando el inglés se dirigía a la banda, los aficionados le aplaudieron y algunos gritaron "¡Fuera, fuera!" ante la decisión del entrenador.



