El zar Mostovoi amenaza a España
El jugador del Celta está ante su gran oportunidad de brillar internacionalmente. Y lo podrá hacer frente a la selección española, la de su país de adopción.

El carácter introvertido y cierto toque imprevisible sobre el campo acompañan la estela de Alexander Mostovoi, la máxima expresión del talento ruso que se ha erigido de pronto en la principal amenaza de España para la apertura competitiva por la Eurocopa de Portugal 2004.
El delantero del Celta de Vigo es ya un viejo conocido de la afición española. Un asimilado del fútbol gallego que aplaude sus genialidades pero no puede reprimir su desconcierto ante la peculiar personalidad del personaje, en permanente y aparente pelea contra el mundo.
El capitán del conjunto gallego es capaz de resolver por sí solo las situaciones más comprometidas en una jugada. Pero también de desquiciar a cualquiera de sus rivales y de sus compañeros. Apto para enfrentarse a su propio público y, después, de respirar el calor de la grada.
De la vieja escuela rusa
Mostovoi representa los últimos esbozos de la vieja guardia rusa. La que ha rescatado a tiempo para la Eurocopa a un equipo aparentemente apartado de la mentalidad del campeón, a pesar de la constante calidad que acompaña a las botas de sus integrantes. Pero es uno de los pilares en los que se sustenta el proyecto de Gueorghi Yartsev, llegado a la dirección del conjunto ruso a finales del pasado agosto.
Alexander Vladimirovitch Mostovoi (San Petersburgo, Rusia, 22.08.68) tiene desde 1996 la doble nacionalidad ruso-portuguesa que le facilita la alineación como comunitario. En su país jugó en el Spartak de Moscú, después en el Benfica y luego en el Caen y el Estrasburgo franceses antes de pasar al Celta en 1996. Tiene contrato hasta junio de 2003.
Especial
Cuando llegó al equipo vigués era un jugador con problemas, por su carácter fuerte y un tanto inestable, razones por las que quizás no haya despuntado especialmente ni en Portugal ni en Francia. En el primer año le costó mucho integrarse en el grupo, pero a medida que pasó el tiempo se ganó el cariño de la gente y hoy es algo especial en el Celta.
Pero mantiene actitudes sobre el terreno que le siguen marcando, como es reclamar al árbitro cuando cree que le asiste la razón y que en más de una ocasión le valió la expulsión. Ante el Slovan era el primer partido de la actual competición europea después de cumplir dos de sanción.
Le gusta muy poco aparecer en actos públicos, no solo ante los periodistas sino también en sus salidas a cenar o ir al cine. Le gusta sobre todo estar en casa, en familia, con su esposa y sus dos hijos, un niño y una niña, y tampoco es dado a las grandes celebraciones. Es un ganador nato sobre el césped y un reflejo de ello fue cuando la temporada pasada el Celta perdió la final de la Copa del Rey ante el Zaragoza, en Sevilla. Mostovoi era uno de los más afectados por ello. Tarda mucho en borrar de su mente estos contratiempos.
Ante su última oportunidad
En el campo es un jugador capaz de sacar petróleo de la nada y, sobre todo, de convertir en gol una jugada sin aparente peligro. Hombre de equipo, se echa sobre sí la responsabilidad del grupo cuando cree que es necesario porque el resto no acierta a resolver por falta de inspiración o de suerte.
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Portugal 2004 es, probablemente, el último escaparate
internacional para Mostovoi. El último tren que traslade la calidad del ruso, especialmente motivado por su papel amenazante hacia España.



