El tobillo de Glasgow

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Luis Figo tiene preocupado al madridismo militante. El espléndido extremo que el año pasado justificó los 10.000 kilos de su millonario fichaje con un río de asistencias traducidas en gol por Raúl, Guti y Morientes, se nos ha transformado en un jugador voluntarioso y tosco que lucha contra su infortunio físico y su falta de acierto. Figo ha sido designado, probablemente con justicia, como el mejor jugador del mundo (FIFA World Player), pero sus méritos finalizaron al término de la temporada pasada. La segunda versión de Figo en el Madrid ha sido borrosa, salvada de la mediocridad sólo por su incuestionable afán por ayudar. Pero cuando el cuerpo no ayuda, la mente de un futbolista codifica su fútbol y nadie encuentra la llave para que la imagen sea de nuevo nítida y seductora para todos los públicos.
El crack portugués está roto desde la final de Copa. Ese ligamento deltoideo le tiene frito y, por más que lo intenta, no hay manera de que le salga un buen partido. Figo, en un afán patriótico muy venerado en Portugal, está dejándose la vida en este tramo final de temporada porque quiere ayudar a su selección a hacer historia en el Mundial. Pero Figo debe recordar que el Madrid debe ser su primera asignatura, sin excepciones, y que su imagen de los dos últimos meses, sin desborde y mostrando sólo buena voluntad, no es suficiente para un number one. Figo, vuelve para Glasgow. Please.



