Finalista por tercera vez en cinco años
Por tercera vez en cinco años, el Madrid estará en la final de la Champions League. Llega ahí tras una impresionante campaña en esta competición, la más exigente de todas: 11 victorias, 3 empates, 2 derrotas, 33 goles marcados y 13 encajados. Una tarjeta que acredita su poder, y más si se tiene en cuenta que lo ha conseguido sin renunciar a la lucha en otros dos frentes. Llegó a la final de Copa, en la que encontró al Depor más en forma de la temporada, y casi puede decirse que aún pelea por el título de Liga. Aunque con pocas posibilidades, para decirlo todo. Pero está ahí.
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Llega a esa final tras un trance difícil, en un partido en el que el Barça volcó todo su orgullo, toda su casta, todo su esfuerzo. El Barça veía en el partido del Bernabéu una salida desesperada a una temporada que le está resultando un profundo fracaso. Ayer se elevó sobre sí mismo, hizo un esfuerzo grandioso y vendió cara su piel. Pero tan enorme empeño sirvió para hurgar hasta el fondo de sus carencias. Es un equipo con floja defensa y con muy poco remate. Ejerció el dominio, pero cedió demasiadas ocasiones al Madrid. Atacó constantemente, pero no hizo parar a César.
En cuanto al Madrid, se dejó mecer, respaldado en el cómodo 0-2 de la ida, reforzado por el magnífico gol de Raúl poco antes del descanso. Luego, sin Zidane, con Figo hecho una lástima, con Overmars en vez de Coco y con el empate rápido del Barça, llegó a pasarlo mal. Le salvó la disciplina defensiva. Pero también mostró falta de carácter. Sin Zidane y pese al evidente heroísmo de Raúl, no fue capaz de ligar algo de juego, de enfriar al Barça. Todo lo fió al paso del tiempo. Poca cosa, pero le sirvió. Y ahora prepara la fiesta del patrón, San Isidro, en Glasgow.




