No hay excusas
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Djalminha se ha equivocado y no le ha importado dejar claras, o definitivamente claras, sus desavenencias con el entrenador, el que, en definitiva, manda en la plantilla. Lo de la "calentura" con que justificó su salida de tono ya no convence. Con el equipo jugándose un puesto en la Champions y buena parte del presupuesto de la temporada, estas calenturas individuales acaban convirtiéndose en condenas personales. Y Djalminha ha conseguido que el pueblo que tanto le ha adorado se convierta ahora en su fiscal. Porque si era vox populi su enfrentamiento con Javier Irureta, ayer lo hizo a ojo de todo el mundo. Y ahora la culpa no va a ser de los medios de comunicación, a los que siempre se nos achacan todos los males de los equipos.
Genio y figura son los dos adjetivos que siempre han definido al brasileño y con los que se le han perdonado casi todos los actos de indisciplina. Pero lo que necesita el equipo ahora es a la figura, no su genio. La situación del brasileño en el Deportivo es complicada porque ha perdido su puesto de referente y eso siempre es difícil de asumir. Pero es ley de vida. Hay otros jugadores que se han ganado este puesto y tienen todo el derecho del mundo a jugar, como hizo él en su día. Y también hay otros compañeros en el mismo vestuario que comparten la misma condena al ostracismo y no por eso se pegan con el entrenador. Por el bien del Deportivo y el suyo propio, lo que Djalminha debe recuperar ahora es su figura y enterrar definitivamente su genio, que no le ha más que problemas hasta el momento.



