Liga de Campeones | Real Madrid 2 - Bayern 0

Palo a la arrogancia

Abrumadora superioridad del Madrid. Los goles de Helguera y Guti llegaron con casta y juego.

<b>UN HÉROE.</b>  Iván Helguera fue el encargado de abrir la lata alemana con el primer gol.
J.J.Santos
Redacción de AS
Actualizado a

Homenaje al fútbol y desprecio a la especulación y las tácticas destructivas. Si me apuran, la soberbia alemana y esa arrogancia estúpida que exhiben, queda en un segundo plano. El Madrid les dio un baño de juego, de oportunidades, de casta, de amor propio, de inteligencia. Dos años seguidos yéndose de rositas era mucho. El fútbol no castiga de forma tan cruel a los buenos. Antes de que la entrepierna de Helguera empujara el primer gol y antes de que Guti apuntillara, los blancos habían dado una lección: juego de ataque y paciencia.

Madridistas nada dudosos habían recurrido a todo tipo de conjuros. Temblaban con la fortaleza de la bestia alemana. Eso desapareció en quince minutos. Dos roscas soberbias de Solari y Figo agujereaban el muro teutón con suma facilidad. Pero no era la noche de Morientes. A él le debemos el sufrimiento extremo hasta el final. Nadie se arrugó, nadie perdió el sitio. Helguera y Hierro construían el equipo desde atrás. Como debe ser. Zidane ponía el toque de calidad pero también la cabeza fría. Raúl la pelea. ¿Y Figo? El portugués salió con las pinturas de guerra y se echó el equipo a la espalda. Al punto de que salvó un gol en el minuto cuarenta cuando le arrebató un balón a Elber, en la única llegada germana.

Apoteosis. Pero quedaba lo mejor. En plan bruto diríamos que los del Bayern engordaban para morir. Pero no, fue que el Madrid quiso matarlos con buen gusto, con elegancia, sin perder sus señas de identidad. Hubo un momento dramático cuando Zidane, nada más reanudarse el choque, estrelló su magia contra la cruceta izquierda de Kahn. Ahí flaquearon casi todos. Pero de nuevo Figo tomó el mando, otra vez Helguera y Hierro mandaban con autoridad. Ni siquiera un penalti cometido sobre Solari en el sesenta y tres alteró los ánimos de unos futbolistas absolutamente concentrados.

Los minutos volaban y ya eran nueve los de rojo que defendían. Perdida la cuenta de saques de esquina, en el sesenta y nueve, un gilicórner abrió el camino. Zidane tira a lo que salga, el rechace vuelve a Roberto Carlos, que busca el centro del área. Helguera no llega con la pierna pero sí con la entrepierna. Gol de pelotas. En todos los sentidos. Setenta minutos de buen fútbol e inteligencia, salpicados por toques de casta y coraje. Combinación perfecta. ¿Y ahora qué? Pues a seguir atacando porque quedaba mucho.

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El Bayern necesitaba un gol pero era tarde. Muy tarde. Apenas llegaban con peligro. A once del final Elber, desaparecido, engatilló dentro del área y una mano salvadora de César desvió. Era el momento de contestar. Y agotado Figo lo hizo Raúl peleando un balón imposible. Primero templó, luego se quitó al defensa de un manotazo y luego tuvo la frialdad de buscar a Guti. Gol. Se acabó.

La arrogancia del Bayern por los suelos, su táctica cobarde destrozada, las bravatas previas sonando a ridículas. Ganó el Madrid pero también el fútbol. Hasta el Barça debe agradecerlo.

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