Yo digo Alfredo Relaño

Suban, estrujen, bajen

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Dichoso Bayern. Dichosos alemanes. Esta vez parecía que por fin el Madrid iba a ganar en Múnich, pero que si quieres arroz, Catalina. Del Bosque se sacó de la manga un equipo extraño, con Geremi como sorpresa mayúscula, y el bueno del camerunés se lo agradeció con un gol que, si hay suertecilla en la vuelta, quedará en el santoral del club, junto a aquellos de Anelka, al propio Bayern, o de Karembeu, al Leverkusen. (Si no, se perderá en el limbo de los esfuerzos inútiles). Un gol y control del juego en la primera parte. Un descanso muy prometedor.

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Pero éstos nunca se conforman. En la segunda mitad fueron creciendo, mientras el Madrid se quedaba en la misma medida de la primera mitad. Cada cinco minutos jugaban un poquito mejor. Al principio (ya en la primera parte) era sólo Elber, que ganaba a todos menos a César. Y un poquito Hargreaves. Luego también Effenberg. Después salieron Salihamidzic y Pizarro, para terminar de liarla. Y Lizarazu se animó y se fue arriba. Geremi se cansó. Solari se resintió de la rodilla. El Madrid veía cómo subía el agua pero esperaba que no le llegara más arriba del cuello.

Pero le llegó. El partido se desniveló hasta rozar la catástrofe. César, que necesitaba un partido así, retrasó la caída hasta mucho más allá de lo razonable. Pero según avanzaban los minutos era evidente que aquello no tenía remedio. Elber es un fenómeno del área (¡cuánta ventaja da el Madrid al ir por la Champions sin un verdadero nueve!) y el resto era el Bayern de siempre, en plena conciencia y posesión de sus valores de siempre. Insistencia, fuerza, poder avasallador. Suban, estrujen, bajen. Dos a uno y un suspiro final como para apagar una antorcha. Nos vemos en Madrid.

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