Diez años sin Juanito maravilla
Una década sin Juanito es demasiado. En esa cruel madrugada del 2 de abril de 1992 los teletipos escupieron la noticia menos esperada, la que nunca hubiésemos querido leer.


Juan Gómez, Juanito, ha fallecido en accidente de tráfico. Todo el madridismo se sintió como si un punzón de hielo le hubiese penetrado el pecho. El genio de Fuengirola había visto ganar 2-1 a su Madrid ante el Torino de Martín Vázquez y regresaba a Mérida para continuar su carrera como técnico. La carretera se lo llevó...
Apenas pasaban 10 minutos de las dos de la madrugada. La carretera de Extremadura, a la altura de Calzada de Oropesa, se convertía en el receptáculo mortal de uno de los iconos del madridismo militante. Juan Gómez, Juanito, el 7 mágico, el héroe de los Ultras Sur y de una generación imberbe de madridistas necesitados de mitos raciales y seductores como él, fallecía en acto de servicio. No exagero. Él maestro de Fuengirola, el tipo capaz de llorar de emoción tras el 4-0 al Borussia o de arrodillarse en Valladolid tras el gol de Zamora que le dio la Liga a la Real Sociedad en el extra time, se dejaba la vida por su madridismo confeso, visceral y sincero.
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Por entonces entrenaba al Mérida, en una situación que le hubiese permitido ver el Real Madrid-Torino por televisión, sin complicarse la existencia. Pero él moría por el Madrid y así acabó... Despidiéndose de nosotros por su verdadera pasión. Llegó a la capital dispuesto a disfrutar de un duelo de Copa de la UEFA plagado de aditivos interesantes. La vuelta de Martín Vázquez al Bernabéu y su afán por devorar el aroma de las noches europeas del santuario madridista le tiraban más que el traje de luces a un torero. Lástima.
Ejemplar. Este rebelde con causa que pisoteó el cuello de Matthäus por defender a Chendo (arrebato que hoy día no protagonizaría profesional alguno en un fútbol tan egocéntrico), que recibió un botellazo en el corazón de Yugoslavia por hacer un gesto que millones de españoles compartían por televisión en la distancia en la batalla de Belgrado (1977) y que marcó un golazo de vaselina a Buyo en La Rosaleda en su retiro dorado en el Málaga, corroboró que Juanito Maravilla, por encima de todo, era puro corazón. Nos abandonó para siempre el 2 de abril de 1992...
Díscolo, amado, criticado, idealizado, multado, premiado... Juanito nos dejó con 37 años. En esa edad en la que aceptaba con buen humor sus errores de juventud y en la que alimentaba su prestigio como técnico, la fatalidad cortó en seco su aliento. Juanito, siempre fieles.



