Es el líder, sí, pero...
El regalo de César frustró una ocasión histórica. El Barça fue patético al principio y mediocre al final.


Un gol desdichado que Del Bosque se ha ganado a pulso por embolingarse con la portería dejó al Madrid sin victoria en el Camp Nou. Mejor ocasión tardará muchos años en tenerla. El Barça de la primera parte fue patético. El de la segunda, simplemente mediocre. El empate les va a servir de muy poco a ambos en esta Liga, tal y como están las cosas.
Con respecto a la final de Copa, el Madrid salió con Guti por Morientes y Solari por Figo. A su vez, Rexach optó por el tridente (o lo que queda de él, dado cómo está Rivaldo), con Luis Enrique como cuarta amenaza ofensiva y el mando para Xavi, al que apoyaba de cerca Cocu.
Lo primero que se vio fue una salida briosa del Barça y un gesto de inseguridad de César. Lo segundo que se vio fue a un par de globalifóbicos burlar la vigilancia, esposarse a los postes e interrumpir la cosa. Lo tercero que se vio fueron los afanes tardíos de las fuerzas de seguridad para abrir las esposas y llevárselos. Lo cuarto que se vio (siete minutos duró la broma) fue que el Barça mantuvo su ímpetu hasta cinco minutos después de la interrupicón.
Pero lo sexto que se vio fue que el Madrid era mejor. Dispuso una línea de tres, Makelele-Helguera- Solari que quitaba y construía. Delante, Zidane, bastante a gusto. Alrededor de ellos los jugadores del Barça flotaban como corchos. Sin quite, sin posición en el campo, con Rivaldo muy disminuido (al final de la primera parte parecía pisar con un pie por encima del bordillo y con el otro por abajo) y progresivamente desmoralizado. El Madrid era más en todas las zonas y en todos los conceptos. En posición, en moral y en juego. Atrás, en medio y arriba. Marcaba el ritmo y los goles. Uno en jugada en la que entre Raúl y Zidane neutralizaron a cuatro defensas del Barça, uno de los cuales, Coco, tuvo la gentileza de dar la asistencia final al francés. Otro, en saque rápido de una falta, que se fue al limbo de los goles anulados por un milímetro de más o de menos. Al descanso, el Madrid lamentaba las ocasiones perdidas, porque el grado de deterioro del Barça, y en particular de su defensa, llegó a extremos desconocidos en el fútbol de alto nivel. Frente a tanto desastre, el Barça sólo podía presumir de una ocasión perdida, en un magnífico pase cruzado de Xavi a Kluivert que pilló a la defensa del Madrid poco menos que celebrando aún el gol y a Kluivert con el punto de mira desviado.
Y a la segunda parte. En seguida, Rochemback por Luis Enrique. El Barça ganaba en cuerpo y en quite. Con nuevos bríos, dio cierta sensación de equilibrar el partido. En nueve minutos sacó tres faltas al borde del área, en las que la presencia amenazante de Rivaldo y Xavi hicieron temer al Madrid. Sólo uno de los tiros tomó la curva deseada y buscó la portería, pero César acertó a desviarlo. El Madrid, pasados esos minutos del empujón del Barça (y la nueva interrupción, con otros dos espontáneos que contribuyeron a ridiculizar el sistema de seguridad del Barça) empezaba a recobrar el balón, el tono y la buena cara cuando llegó la jugada del partido: un tiro lejano de Xavi, fuerte y al centro, que a César se le atragantó. Mal acomodado, tocó el balón con una mano y éste se elevó en un suspense majestuoso hasta que decidió caer, llovidito con parsimonia, por una de las escuadras. Gol. Fallo. Regalo más bien.
Y habrá ocasión de hablar de la portería. De por qué se posterga a Casillas, de por qué las dudas que ponen nervioso al uno y al otro. De por qué esta autocrisis que se ha montado Del Bosque. En el pecado lleva la penitencia. Ese gol regalado va a ser la china definitiva que deje al Madrid sin esta Liga. Al tiempo.
Porque el Barça se agarró a ese gol con toda su alma. Ese empate le dio el aire que en caso contrario le hubiera faltado para el último tramo de este partido, que le ha venido embocadillado entre dos tremendas pruebas: la del Liverpool y la del Galatasaray.
Ese empate fue para el Barça la tabla de un náufrago. Rexach incluso se decidió a retirar al lastimoso Rivaldo para meter a Overmars y buscar una improbable victoria por las alas.
Y al Madrid empezaba a pesarle algunas cosas. Empezaba a pesarle la poca consistencia de Guti, que se fue perdiendo y que debió dejar antes paso a Savio. Empezaba a pesarle la fatiga de Zidane, que fue a menos. Empezaba a pesarle la evidencia de que se le iba a ir un partido crucial en la Liga, y que nunca, en estos diecinueve años, había tenido tan fácil ganar en el Camp Nou.
Claro, que sí le quedaba Raúl. Siempre él. Se bastó para descentrar a la debilísima defensa del Barça. Colocó un tiro al larguero desde cuarenta metros. Se metió con audacia entre Christanval y Xavi y estuvo a punto de sacar un penalti. Fue, junto a Solari (¡qué injusticia irreparable dejarle fuera de la final de Copa para complacer a Figo, ayer en su casa!) lo mejor del partido. Pero no alcanzó.El Madrid es líder, sí, pero...
Indirecto que fue al larguero
El Madrid dio un tiro al palo y el Barça otro. Pero en el segundo caso se trataba de un libre indirecto, que Xavi lanzó directamente a puerta y se estrelló en el larguero. De haber entrado, no hubiera sido válido.
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Dos ataques al partido
Los servicios de vigilancia del estadio fracasaron de lleno. Primero, dos antisistema se esposaron a los postes. Luego saltaron dos abertzales vascos. Sorprendentemente, a Piqué le pareció divertido.



